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"El domingo cueste lo que cueste tenemos que ganar", el mensaje de los hinchas

 
 
Los argentinos tiñeron de celeste y blanco las tribunas del Arena Manawatu, donde se selló la clasificación a cuartos.   Foto: LA NACION  / Emiliano Lasalvia, enviado especial
Los argentinos tiñeron de celeste y blanco las tribunas del Arena Manawatu, donde se selló la clasificación a cuartos.   Foto: LA NACION  / Emiliano Lasalvia, enviado especial
Los argentinos tiñeron de celeste y blanco las tribunas del Arena Manawatu, donde se selló la clasificación a cuartos.   Foto: LA NACION  / Emiliano Lasalvia, enviado especial
Los argentinos tiñeron de celeste y blanco las tribunas del Arena Manawatu, donde se selló la clasificación a cuartos.   Foto: LA NACION  / Emiliano Lasalvia, enviado especial
Los argentinos tiñeron de celeste y blanco las tribunas del Arena Manawatu, donde se selló la clasificación a cuartos.   Foto: LA NACION  / Emiliano Lasalvia, enviado especial
Los argentinos tiñeron de celeste y blanco las tribunas del Arena Manawatu, donde se selló la clasificación a cuartos.   Foto: LA NACION  / Emiliano Lasalvia, enviado especial
Los argentinos tiñeron de celeste y blanco las tribunas del Arena Manawatu, donde se selló la clasificación a cuartos.   Foto: AFP
 

PALMERSTON NORTH.- "El jugador N° 16", decía la bandera sobre la tela celeste y blanca. Estaba en una de las tribunas cabeceras del Arena Manawatu de esta ciudad, donde los Pumas escribieron otra de las páginas grandes de su historia al conseguir por tercera vez la clasificación a cuartos de final de un Mundial, pese a lo sufrido que fue el encuentro ante Georgia. Cada paso de este equipo en los últimos años es un imán para los hinchas, que una vez más se sintieron locales en Nueva Zelanda. No hubo tanta gente como la semana última en Wellington ante Escocia, pero esas 4000 almas albicelestes deliraron con algún susto y mucha pasión, algo que anticipa lo que será la máxima algarabía cuando el domingo próximo la Argentina juegue ante los All Blacks, en el Eden Park de Auckland.

En las últimas horas, Palmerston North se copó de fanáticos celestes y blancos. Toda la noche del sábado fue dominada por los argentinos. Gente en los bares, las motorhome estacionadas donde sea. Se generó gran expectativa por este partido, para el cual hace unos días ya se habían agotado los 15.000 tickets. Luego de que lloviera toda la mañana, salió el sol al mediodía. El clima inestable hizo que el partido se jugara bajo un cielo encapotado. Entremezclados, había mil fervorosos georgianos, que gritaban ante cada acierto de su equipo.

A media hora del match, en los altoparlantes sonaba "Un día perfecto", de Estalares, lo cual encendió a los argentinos. Luego, una banda militar tocó "The final Countdown", como una postal de hasta donde llega el color Mundial y para cerrar, a máximo volumen, "Arde la ciudad", de la Mancha de Rolando. A pocos minutos del kick off, hubo un gran reconocimiento para Juan Fernández Lobbe, quien se quedó al margen de la Copa del Mundo por la rotura de ligamentos cruzados de su rodilla izquierda. "Corcho, Corcho", enalteció la hinchada argentina. Sudamérica también estuvo representada en el estadio, con banderas de Chile, Uruguay y hasta Brasil. Otra vez, banderas personalizadas como la de "Fuerza Leo, GER está con vos", para Senatore, que hizo su debut en un Mundial:

Algunos hinchas albicelestes se amoldaron a las costumbres de aquí. Es que los habitantes de Palmerston North alientan a los Turbos de Manawatu, donde jugó el Cubano Bosch, con baldes verdes o blancos en sus cabezas. Entonces, en las tribunas se vieron algunos baldes azules por la Argentina, con un abertura para el rostro. Este hábito comenzó cuando hace tiempo un granjero de la zona decidió ponerse un balde verde para respaldar a los Turbos de Manawatu y se mantuvo.

La fiesta argentina comenzó temprano, ya que el partido empezó, a las 13 de aquí. Una hora y media antes, en la puerta del hotel Coachman, el búnker de los Pumas, al menos 200 hinchas deliraban. "Yo te sigo a todas partes, cada vez te quiero más", era el grito predominante, que le daba cierto clima futbolero. Los padres de Mario Ledesma y Felipe seguían de cerca todo, con sus pulgares arriba y cierta emoción en sus rostros. Enfrente del hotel, miraba la escena Diego Albanese, ahora comentarista de televisión y seguramente uno de los hombres que generó esta pasión con ese try ante Irlanda, en 1999, que les permitió a los Pumas alcanzar por primera vez los cuartos de final de un Mundial. Hoy, fue otro paso, con el respaldo de la pasión albiceleste. "El domingo cueste lo que cueste, el domingo que tenemos que ganar", fue lo último que cantaron los hinchas pensando en los All Blacks, mientras los jugadores una vez más ensayaban una vuelta olímpica..

canchallena por e-mail.
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