Cuando dentro de poco se haga el recuento futbolístico de este año, imposible será no reparar en la coincidencia de los retiros de varios jugadores que marcaron una época. Doce meses en los que Guillermo Barros Schelotto, Palermo, Almeyda, Gallardo y Verón les pusieron punto final a sus carreras. Schiavi tampoco se ve en una cancha más allá de diciembre y el Kily González aún no hizo el anuncio, pero está muy cerca de pasar a la categoría ex.
El fútbol es una profesión a la que se llega y ejerce por vocación y se abandona por la vía de la resignación, casi contra voluntad, porque ya no queda más remedio y no conviene seguir insistiendo ni desafiar los límites biológicos. Los avances científicos aplicados a la medicina permitieron que las lesiones que antiguamente ponían a los futbolistas al borde del retiro ahora no sean más que un obstáculo temporal que no impedirá la continuidad en la alta competencia.
Es cierto que la medicina avanzó en el tratamiento y la recuperación de los lesionados. Tan verdadero como que los cuerpos soportan ahora una exigencia y un desgaste mayores que en los tiempos en que el deporte no estaba sometido al profesionalismo exacerbado y a los desmedidos intereses comerciales y económicos. Esa demanda alcanzó una distorsión mayor cuando desde un Estado se implementó una sistemática política de doping, como ocurrió en varios países comunistas europeos que estaban detrás de la Cortina de Hierro. Las secuelas fueron más graves: muchos pusieron en riesgo el resto de sus vidas. Todavía queda algún récord mundial en atletismo bajo la sombra de la sospecha, como el de la checoslovaca Kratochvilova en los 800m, desde 1983.
En su reciente autobiografía, Rafael Nadal, cuyos músculos y articulaciones crujen con frecuencia, reconoció: "Hacer deporte es saludable para las personas normales, pero el deporte, en el nivel profesional, no es bueno para la salud. Hace que tu cuerpo alcance límites para los que los seres humanos, de forma natural, no están preparados. Ese es el motivo por el que casi todos los grandes deportistas profesionales sufren lesiones que en ocasiones acaban con sus carreras".
Batistuta confesó que, una vez colgados los botines, el estado de sus tobillos y rodillas no lo dejaban ni patear una pelota con sus hijos. Los futbolistas mencionados que en 2011 les bajan el telón a sus trayectorias tienen en común que sus piernas dejaron de acatar las órdenes de cerebros que, como contrapartida, están cada vez más lúcidos por la experiencia e información acumulada a lo largo de las temporadas. Cada uno con sus características, eran una especie de reserva de calidad, entrega y liderazgo de una generación a la que el fútbol argentino despide a la espera de nuevos referentes.