"Me voy antes de perder prestigio". La frase partió de Pedro Troglio, minutos después de caer por 4 a 3 con Estudiantes, por la 7a fecha de este incendiario torneo Apertura. La histeria domina todos los recovecos y los protagonistas intentan evitar a esa devoradora de reputaciones que tan a sus anchas se desliza por el esquizofrénico fútbol argentino. Casi nunca lo consiguen. "Me parece que Estudiantes tiene que salir de esa ansiedad por conseguir resultados ya", diagnosticó ayer Miguel Russo? en el día de su despedida.
Julio César Falcioni sólo se llevó abucheos de los hinchas de Boca en el homenaje que hace algunos meses el club le brindó a Palermo. Incluso en este certamen, después de empatar en el debut ante Olimpo, ya se había tejido un operativo tembladeral por si los xeneizes no derrotaban a Unión. Sí, ocurrió en el mismo campeonato por el que ahora desfila Boca y hasta puede decorarlo con estadísticas históricas. La trituradora se apiadó del Emperador, pero no dejó pasar la oportunidad de masticarse a Torrente, Sebastián Méndez, Mohamed y los apuntados Troglio y Russo. Además de tomarles la medida a Sciacqua, Asad, Arruabarrena, Schurrer? sólo para asegurarse de que cupiesen en la olla.
Alex Ferguson se presentaba hace un cuarto de siglo en Manchester United. Desde entonces ganó 37 títulos, pero para alzar el primero tardó seis años. ¡Seis! Por entonces, a nadie se le ocurrió echarlo de las oficinas de The Cliff, la antigua ciudad deportiva del United. Como tampoco Arsenal se desprendió de Arsene Wenger a principios de temporada, pese a que después de las cinco primeras fechas el equipo londinense marchaba penúltimo. Ivan Gazidis, consejero delegado, ofreció las bases para entender cómo se defiende un proyecto: "Wenger no está acabado. Retratarle como un idiota es perjudicial, no sólo para él o el club, sino para el juego. Si entramos en soluciones a corto plazo le haremos más daño al club, que se centra en un modelo responsable y sostenible". Wenger suma 15 temporadas en los Gunners, que marchan 6tos en la Premier League y lideran el Grupo F de la Champions.
Acá sobran nervios. Ni los torneos largos consiguen blindarse ante la intolerancia. Rumores desestabilizadores acompañaron a Almeyda tras la seguidilla de empates de River. Jorge Ghiso no alcanzó a debutar en Independiente Rivadavia; entonces lo reemplazó Hrabina, pero tres partidos después lo echaron y entonces llegó Ricardo Dillón. Pero Ghiso aterrizó en Villa Crespo cuando Atlanta despidió a Javier Alonso. Juan Amador Sánchez resistió cinco fechas en Huracán, hasta que lo sustituyó Diego Cocca. Arnaldo Sialle condujo el ascenso de Guillermo Brown de Puerto Madryn, pero tras cinco jornadas Dalcio Giovagnoli tomó el control. Chacarita comenzó con Hector Rivoira, pero lo cambió por Felipe De la Riva que eligió marcharse de Merlo. Jorge Solari se fue de Atletico Tucumán y desembarcó Juan Manuel Llop. Osvaldo Ingrao ya no está en Gimnasia, donde regresó Troglio. Y Aldosivi borró a Andrés Yllana y apostó por Fernando Quiroz. Sin perder de vista que la B Nacional apenas transitó un tercio de su recorrido...
Los buenos ejemplos están a la vista, pero requieren de valentía y compromiso. El técnico que últimamente más partidos dirigió en la misma institución es Gareca, 109, en Vélez. Luego, Ramón Cabrero, 101, en Lanús. Detrás de ellos, Zubeldía, 84, en Lanús, y Russo, 76, en Vélez. Nada es casual. A la espiral de crispación le sobran tutores.