¿La cuarta será la vencida? Ojalá. En todo sentido.
A veces, como decía un amigo, todos nos intoxicamos un poco con el famoso "clima" de la Copa Davis. Donde cualquier chispa enciende la mecha. Esta vez, todo pinta distinto, con una atmósfera más distendida, de mayor armonía. Puede no haber grandes amistades, pero sí una realidad entendida: la del equipo por sobre todas las cosas.
El clima siempre es importante. Lo sabemos desde la primera final en Cincinnati 1981, con Vilas-Clerc enfrentados como nunca y, aun así, dando pelea frente a Big Mac, N° 1, y a la mejor pareja de dobles: la del mismo McEnroe con Fleming.
Lo sabemos desde Moscú 2006, cuando el martes, a 72 horas del comienzo de la final contra Rusia, Nalbandian y Luli Mancini sostuvieron una acalorada y extensa discusión dentro de la cancha, debiéndose dar por concluida la práctica que David tenía con Chela. La tensión ante un momento crucial y decisiones no menos importantes dispararon el frontal intercambio a la vista de todos.
Lo sabemos, sobre todo, desde Mar del Plata 2008. Sin nada que envidiarle a Cincinnati. Un clima bochornoso, en el que la puja por la sede, un volumen desmesurado de plata que propició mayores enconos, y la incapacidad propia de no actuar en función de equipo y de la gloria, erosionaron una chance histórica de conquistar la Ensaladera.
Este clima es diferente y resulta la mejor de las noticias para el grupo que hoy emprenderá el viaje a Sevilla. Mérito de todos: de Tito Vázquez, de Nalbandian, de Del Potro. Se evitaron las chicanas públicas, las presiones, los mensajes encubiertos. Y no fueron los medios los que se involucraron en un eventual silencio cómplice: fueron ellos, fue el equipo el que tomó la mejor opción. Como un signo de madurez. Comprendiendo que se puede caer, pero de la manera lógica: porque el rival jugó mejor. ¡O ganar!
La dificultad del compromiso no sólo está representada en Nadal y su cuasi invulnerabilidad en polvo de ladrillo. Basta con ver lo que está haciendo Robocop Ferrer en el Masters: victoria sobre Murray y, ayer, notable triunfo sobre Djokovic por 6-3 y 6-1. Sin olvidar la lesión de la semifinal de la Davis que lo sacó de punto y su extenuante temporada, sigue siendo Djokovic. Y Ferrer lo superó con claridad. Si habitualmente resulta complejo ganarle los puntos, este Ferrer estará con la confianza a pleno, aunque ayer haya dicho que llegará "cansado". Un rival, al igual que Nadal, al que hay que vencer rápido, ya que a largo aliento suele calzarse el traje de titán. Su historial con la Legión está repartido: 7-5 sobre Nalbandian (4-0 en polvo), 2-2 con Delpo (0-0), 3-4 con Pico (2-3) y 1-2 con Chela (0-2).
Será lindo, para todos, hablar de tenis y ver otra final copera, con la ilusión de siempre. Dicen que el verdadero clima lo pondrán los andaluces. Aunque los nuestros ya hicieron bastante por su propio microclima. Y no es poca cosa.
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