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Copa Davis

Raíces españolas, corazón argentino

Tito Vázquez, capitán del equipo albiceleste, nació en un pueblo rural del país ibérico llamado Armada, justamente el mote del rival de la final; la historia de una infancia con privaciones y un destino de trotamundos como jugador y entrenador.

Por Sebastián Torok | canchallena.com

 
 

SEVILLA.- Hace casi dos meses, cuando Albert Costa, charlando por teléfono desde Barcelona con La Nacion, supo que el hombre que ocupaba su mismo cargo en su rival de la final de la Copa Davis, Modesto Vázquez, era español, se quedó mudo por unos segundos. "Pues. no lo sabía, qué curioso, ¿no?", murmuró el campeón de Roland Garros 2002. No fue el único. Claro que Tito se siente muy argentino, pero en realidad nació -el 1° de enero de 1949- en Armada, un diminuto pueblo rural ubicado a 30 kilómetros de Orense, en la comunidad de Galicia. Ni siquiera en Internet se logra hallar precisiones del lugar. "Es que había sólo un par de casitas perdidas y una virgen, que justamente era cuidada por mi abuelo", rememora el capitán, que podría despedirse de su función, según las distintas versiones, pase lo que pase frente a España sobre la tierra anaranjada del estadio de La Cartuja.

A los padres de Tito, gallegos de nacimiento, nunca les sobró nada; todo lo contrario, lucharon ganándose la vida en la fertilidad de la tierra. Pero las cosas fueron empeorando poco a poco y la comida empezó a escasear en diversas porciones de Europa, también en el norte ibérico, en tiempos posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Hasta que, como a tantos españoles, a la familia no le quedó otra opción que emigrar a América del Sur, buscando un futuro favorable. Fue Celso, el padre de Vázquez, quien viajó a la Argentina en primer lugar. Un año más tarde, María suspiró, tomó fuerte de la mano a su pequeño hijo y juntos compartieron el trauma de partir rumbo a un destino desconocido, con temores, pero mucho amor. Fue en medio del océano, con frío y desprotegidos, donde Tito cumplió tres años. "Es fuerte recordarlo, pero sí, coincidió la fecha con el viaje arriba del barco", confiesa Tito a La Nacion, en la fría ciudad sevillana, con los ojos humedecidos, durante una pausa de los ensayos del equipo.

Ya en nuestro país, con empeño y esfuerzo, las penurias empezaron a desaparecer. Celso consiguió trabajo y al tiempo nació Jorge Antonio, el hermano de Modesto. Entre amigos y tradición criolla, el tenis ingresó en la vida de Tito (su padre tenía distintas labores en el Tenis Club Argentino, en Palermo) e hizo un corte brusco con sus raíces, al menos por una larga etapa, pero en forma involuntaria. "La ruptura fue total, pero porque una vez ya metido en el deporte empecé a viajar y lo hice mucho, durante 33 años. Siete años viví en California y otros siete en Inglaterra. Y como era muy chico cuando me fui, tenía poquísimas imágenes en mi memoria", añade el hombre que asumió como capitán en 2009. Tenía 21 años cuando se animó a regresar a la tierra donde había aprendido a caminar; quería transitar las callecitas de tierra, reconocer los olores, las sensaciones. Hacía un buen tiempo que la idea le hacía ruido en la cabeza; por eso, luego de ganar un torneo de dobles en Atenas, tomó fuerzas y viajó a España, precisamente a ese rincón casi misterioso para él. "Venía de estar viviendo en California y cuando llegué se me puso la piel de gallina, parecía un lugar perdido en el tiempo, muy sencillo y de trabajadores, como eran mis padres."

Los años transcurrieron, Tito dejó su carrera de tenista, se convirtió en adulto y en exigente entrenador. Formó su familia, nació su hija, Marisol. Hace mucho que dejó de sentirse un foráneo en Armada. Sus padres están enterrados en esa porción de Orense y de tanto en tanto regresa a homenajearlos, a dejarles flores y a rezar por ellos. "Hablar con la gente del pueblo, con la sencillez y la cultura que tiene, me agrada, me hace seguir creciendo. La educación en España es diferente de la nuestra. Incluso en el deporte son distintos", opina, sin guardar rencores por la tierra que debió abandonar en épocas de privaciones sociales. El destino quiso que en España se encuentre hoy frente a la mayor oportunidad de su carrera como entrenador, ante la ocasión de un desahogo que sería inolvidable. Pasaron unos 60 años desde que se marchó, en barco, del pueblito de Armada -vaya paradoja, pensando en el mote de la camada que lidera Rafael Nadal-. Seguramente volverá allí tras la final en Sevilla, ocurra lo que ocurra, con la tranquilidad del trabajo realizado.

COSTA, EL ESPÍA ESPAÑOL
Durante la jornada vespertina de ensayos, Tito Vázquez comenzó a entregar algunos indicios, ya que hizo practicar dobles a David Nalbandian y Eduardo Schwank. El escaso número de gente hizo que se pudiera observar con claridad a Albert Costa espiando los ensayos. "¡Guardias, saquen a ese hombre de ahí!", lanzó, en broma, David Nalbandian.

FRANSON, UN JUEZ DETALLISTA
El sueco Stefan Franson, árbitro general de la final, arribó ayer a Sevilla y tomó apuntes en La Cartuja: se dedicó a tomar medidas, pidió achicar un centímetro cada poste de la red y hasta se detuvo en ver cómo estaban ubicadas las cámaras de TV. También revisó la entrada de luz solar por la tribuna oeste, que molestaba a los tenistas..

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