PELOTA PARADA: Nicolás Bianchi Arce (San Lorenzo). El equipo de Boedo logró la primera victoria desde a llegada del nuevo entrenador, Leonardo Madelón. Ante Tigre, rival directo en el tema de los promedios, se jugaba un partido clave, y el "ciclón" lo sacó adelante sin demasiado fútbol pero con mucho carácter. Tras un centro al área de Javier García al que ingresaron varios delanteros, ¿empujando? y tras un rebote en el palo, el zaguero convirtió el único gol del partido. Fue un desahogo para toda la gente de Boedo y un poco de oxígeno para respirar más aliviado.
PELOTA AL ÁNGULO: Diego Rivero (Boca). El "burrito" le puso la rúbrica a la fiesta del campeón. Tomó el balón a treinta metros del arco y le prendió cartucho con el botín derecho. La pelota describió una parábola perfecta y fue a parar al ángulo superior derecho de un sorprendido Luchetti, que solo atinó a pegar un saltito y acompañar con mirada de asombro. El ex San Lorenzo fue una de las buenas figuras de Boca y coronó el título con un verdadero golazo.
PELOTA AL ÁNGULO II: Santiago Salcedo (Argentinos Juniors): El paraguayo es un delantero de exquisita calidad. A pesar de su intermitencia y sus recurrentes "lagunas", cuando se enchufa es capaz de grandes conquistas. En los últimos dos juegos del "bicho" su precisión le permitió ganar a su equipo cuatro puntos muy importantes. Ante Banfield igualó el encuentro en el último minuto. Frente a Arsenal, convirtió por duplicado, el segundo una verdadera joyita. Recibió en el vértice izquierdo del área y colgó un derechazo arriba, lejos de la estirada de Campestrini, para que los de Gorosito se lleven una valiosa victoria.
PELOTA AFUERA: Javier Chevantón (Colón). No ha sido bueno el desembarco del delantero oriental en el fútbol argentino. Salvo el gran gol de tiro libre que le convirtió la semana pasada a Vélez, lo suyo se transformó en una sucesión de equívocos para olvidar rápidamente. Dos desgarros consecutivos, lo marginaron de la mitad del Apertura y ahora lo traicionó su fuerte temperamento. Giovanni Moreno manejaba los hilos de Racing y del partido y el "pelado" no se lo bancó. Le tiró una plancha cortita, descalificadora, y se fue derechito para el vestuario. La imagen de confusión del atacante es la misma del siempre desconcertante Colón. Un caso de diván.
PELOTA AL VACÍO (asistencia): Mariano González (Estudiantes L.P) a Gastón Fernández (Estudiantes L.P). Lentamente, el "pincha" empieza a recupera la memoria. Su goleada ante All Boys tuvo momentos de fútbol de alto vuelo. La magia de Verón se expandió entre sus compañeros y el rendimiento de algunas individualidades fue excelente. La jugada del segundo gol vale como muestra. El pase entre líneas del mediocampista fue perfecto y la definición del atacante, sutil y exquisita.
PELOTA DE TRAPO: Banfield. Una sombra, un equipo confundido al que ni siquiera el conocimiento y la motivación de un entrenador como Ricardo Lavolpe ha logrado recuperar. Sin idea de juego y con individualidades en un nivel bajísimo, el "Taladro" deambula por el fondo de la tabla. Frente a Boca, solo Jonathan Gómez entregó algo de rebeldía ante la adversidad. El resto se entregó mansamente a la superioridad del rival y jugó con una indolencia llamativa. A nivel institucional las cosa tampoco está mucho mejor y mientras se aguarda la nueva fecha de elecciones para elegir presidente, el fútbol solo suma preocupaciones.
PELOTA DE CUERO: San Martín de San Juan. Luego de un comienzo de Apertura en el que lógicamente necesitó un período de adaptación con el consecuente "derecho de piso", el equipo de Daniel Garnero se fue acomodando y ahora suma y sigue. En el duelo de recién ascendidos, superó con claridad a Unión y su cosecha de puntos le permite esperar el Clausura con optimismo. Los cuyanos cuidan el balón, tratan de ser prolijos y cuando les dan espacios pueden ser letales arriba. El campeonato de los equipos que vienen de la Primera B Nacional es estupendo y "el santo" no es la excepción.
PELOTA DE ORO: Boca. La consagración llegó con victoria y fiesta completa. Con una solidez acalambrante, con algunas figuras destacadas y una idea colectiva firme y clara, el equipo de Falcioni es el inobjetable campeón del fútbol argentino. Sus números lo describen a las claras. Le sacó al segundo la distancia sideral de once puntos, tiene solo cuatro goles en contra y lleva veintisiete partidos sin perder. Con un Schiavi imperial en el fondo, más la sobriedad de Orión en el arco, la prolijidad de Somoza y Ervitti en el medio, las corridas de Clemente Rodriguez y el fútbol de Riquelme y Chávez, el monarca construyó su base para quedarse con el título dos fechas antes del final. Arriba su fueron alternando entre Viatri, Mouche, Blandi y Cvitanich para convertir los goles decisivos en los partidos bisagra del torneo. Mientras algunos seguían discutiendo si podía jugar mejor o más lindo, Boca no se detuvo en polémicas de café y se dio el gusto de dar una nueva vuelta olímpica.