El suspenso y el interés que le faltaron a la definición del Apertura por la amplia diferencia que sacó Boca abundaron en las elecciones en varios clubes. Más allá de los resultados, lo positivo fue que en casi todos los casos se incrementó la cantidad de votantes. Históricamente, nuestro fútbol tuvo una particularidad poco constructiva: el número de asociados que eligen a las autoridades es una pequeña proporción del universo de hinchas.
Los comicios dejaron diferentes lecturas. El oficialismo de Boca perdió contra un opositor que supo formar parte de la conducción. Los oficialismos de Racing y Argentinos derrotaron a adversarios que habían compartido la gestión de los reelectos. La sucesión de Raffaini por Calello fue un trámite porque la estabilidad de Vélez diluye la diversidad y disputa partidaria. En Independiente, Cantero barrió con los aparatos de la política tradicional y asumirá como el portavoz del socio de la tribuna. Su agrupación tiene un nombre más que sugerente: Independiente Místico.
Los socios de un par de instituciones bien hubieran deseado una renovación dirigencial para remover a autoridades que no están a la altura del respaldo recibido en su momento en las urnas. Passarella, que lleva dos años en River, y Abdo, con uno en San Lorenzo, difícilmente saldrían indemnes de un referéndum que pusiera a prueba sus gobiernos.
Un caso merece una mención especial. Desde hace un poco menos de tres meses, Enrique Lombardi es el nuevo presidente de Estudiantes. Una de sus primeras medidas excede el ámbito de su club y merece el compromiso del resto del fútbol argentino. Lombardi dedició terminar con las prebendas a la barra brava. Enfrentó sin eufemismos y sus medidas fueron consecuentes con sus palabras para erradicar esa lacra. Mantuvo sus convicciones cuando los mercenarios de la tribuna, a modo de protesta, arrojaron bombas de estruendo para provocar la suspensión ante Banfield. No cedió a extorsiones ni aprietes. Dio el paso que casi ninguno de sus colegas se anima mientras se justifican diciendo que se sienten solos para enfrentar al monstruo y que la batalla contra los barras está perdida de antemano.
Para que la valentía de Lombardi no quede en una aislada actitud quijotesca hace falta que lo acompañen todos los que tienen responsabilidad en que el fútbol no viva como rehén de los facinerosos. Con Lombardi deben solidarizarse el resto de la dirigencia y activarse los mecanismos de seguridad y políticos para, de una buena vez, poner en práctica un plan integral en el que ningún sector se haga el distraído ni pacte con el diablo. Muchos nuevos presidentes llegaron con propuestas para sus clubes. La de Lombardi es más global y va en beneficio de todo el fútbol argentino. A seguirlo.