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Atletismo

Sebastián Armenault, el ultramaratonista solidario

El argentino cumple sueños a través de una de sus pasiones: correr; por cada kilómetro que completa, distintas empresas hacen donaciones; su lema, "superarse es ganar". mirá fotos y video;

Por Pablo Lisotto | canchallena.com

 
 

"El marroquí que ganó los 250k del desierto del Sahara recibió cinco mil euros de premio. Yo terminé 793º entre 1000 corredores, pero logré reunir donaciones que suman cerca de 50.000 dólares. Entonces me pregunto, ¿quién ganó?" El que desafía es Sebastián Armenault, un argentino que un día decidió dejar atrás su cargo de director comercial de una empresa y unir sus dos pasiones, el deporte y la solidaridad, y dedicarse a cumplir sueños a través de carreras épicas, además de pregonar un mensaje claro, en medio de tanta marea exitista.

"Jugué al rugby durante 22 años en Banco Nación. Me hubiera encantado ser un Puma, pero no llegué ni a la primera ni a la intermedia de mi club. Y sin embargo seguí jugando, porque hay que hacer las cosas por placer y no por obligación. Sé que no voy a ganar nunca una maratón ni voy a batir nunca un récord. Pero cuando termino una carrera yo gané mi carrera. Mi objetivo es llegar y mostrar que cualquiera puede hacer lo que se proponga. Mi mensaje es que cada uno lo intente a su medida, con sus posibilidades, y que logre superarse a sí mismo, que es mucho más importante que el hecho de haber ganado algo material", resume Armenault, en diálogo con La Nacion.

Sebastián Armenault corre ultramaratones con un solo objetivo, ayudar, y un claro mensaje: superarse.    / Archivo Sebastián Armenault
Sebastián Armenault corre ultramaratones con un solo objetivo, ayudar, y un claro mensaje: superarse.    / Archivo Sebastián Armenault
Sebastián Armenault corre ultramaratones con un solo objetivo, ayudar, y un claro mensaje: superarse.    / Archivo Sebastián Armenault
Sebastián Armenault corre ultramaratones con un solo objetivo, ayudar, y un claro mensaje: superarse.    / Archivo Sebastián Armenault
Sebastián Armenault corre ultramaratones con un solo objetivo, ayudar, y un claro mensaje: superarse.    / Archivo Sebastián Armenault
Sebastián Armenault corre ultramaratones con un solo objetivo, ayudar, y un claro mensaje: superarse.    / Archivo Sebastián Armenault
Sebastián Armenault corre ultramaratones con un solo objetivo, ayudar, y un claro mensaje: superarse.    / Archivo Sebastián Armenault
Sebastián Armenault corre ultramaratones con un solo objetivo, ayudar, y un claro mensaje: superarse.    / Archivo Sebastián Armenault
Sebastián Armenault corre ultramaratones con un solo objetivo, ayudar, y un claro mensaje: superarse.    / Archivo Sebastián Armenault
Sebastián Armenault corre ultramaratones con un solo objetivo, ayudar, y un claro mensaje: superarse.    / Archivo Sebastián Armenault
Sebastián Armenault corre ultramaratones con un solo objetivo, ayudar, y un claro mensaje: superarse.    / Archivo Sebastián Armenault
 

-¿Y cómo se recibe ese mensaje?

-Cuesta. La sociedad argentina es muy exitista. Nos inculcan que si salís segundo no servís para nada. Y yo me pregunto, por cada Messi que sale en el mundo, ¿cuánta gente queda en el camino? Y con esa gente qué pasa, ¿son frustrados? ¿No sirven? A veces es más importante perder sabiendo que dejaste todo que ganar sin merecerlo. Y mi sensación en las carreras pasa por eso. Aun con mis limitaciones, con un equipamiento básico y con mucha diferencia con los profesionales, igual me preparo y cumplo mi objetivo.

-En general, suele decirse que aquel que compite debe ser el número uno o el mejor.

-Está el que persigue el sueño de ser campeón del mundo, y está bien que lo haga. Pero hay que perseguir un objetivo y si no se logra seguir disfrutando. Los chicos que practican tenis sufren mucho, ¿y cuántos son después como Nalbandian o Del Potro? Uno debe ser lo mejor que pueda ser. Cuando entendés eso, evitás el bajón, la frustración.

-¿Cómo empezaste a correr ultramaratones?

-Arranqué con una carrera de 5k y fui subiendo, con el objetivo de superarme a mí mismo. Nunca corrí fijándome en los tiempos o en el de al lado. Luego fui a los 10k del cruce de los Andes, después a los 120k del desierto del Sahara, a los 120k del desierto de Omán, a los 190k del Himalaya, y este año fui a los 250k del Sahara, y en noviembre participé de los 50k en el Polo Sur, donde me convertí en el primer argentino en correr en la Antártida.

-¿Cómo es correr en el Sahara?

-La Maratón de Sables es como correr el Dakar, pero con los pies. Es la carrera más emblemática y más dura que hay. Lo importante es llegar. De los 980 que corrieron, salí 793º. No hay fotos ni videos míos, pero para mi manera de ver, yo gané mi carrera.

-¿Cómo unificaste tu pasión por correr con tu costado solidario?

-Cuando empecé con las carreras, se me ocurrió ir a distintas empresas y proponerles: "Por cada kilómetro que yo corra, ustedes aportan lo que puedan". Si yo cumplía todo, la empresa tenía que poner más. Y para mí era un incentivo más para llegar. Cada paso que yo daba era sentir que era un pedacito del respirador artificial, los cordones de una zapatilla o una barrita de cereal más que iba juntando. Eso te da una fuerza impresionante.

-¿Y cuáles son las desventajas?

-Mi ingreso actual es bastante menor que el que tenía antes, perdí beneficios, como un celular o la obra social paga, pero la satisfacción que te da ser solidario a través de tu esfuerzo físico va por encima de un cheque, una copa, un podio o una foto. Cuando termino la carrera, el cuerpo está muerto, pero el alma te pide mañana mismo otra maratón.

Sebastián no precisa responder a la pregunta inicial. Con su mensaje, su compromiso solidario y su manera de pensar, él gana siempre.

SIEMPRE CORRER
Súper Pepe

Cuenta Sebastián Armenault: "Pepe es un marplatense que seguía mi blog. Un día me llama y me dice: «Mi hijo de 7 años tiene leucemia. Como promesa, cuando él se cure, quiero correr mi propia ultramaratón y que la corras conmigo. Salimos del estadio Mar del Plata, bajamos por Juan B. Justo y vamos por la costa hasta Miramar, ida y vuelta. Son 108 kilómetros». A los seis meses me llama y me dice: «Sebas, ¡mi hijo se curó! Salimos este domingo» . Era un jueves. Ese sábado tenía un cumpleaños. A medianoche agarré el auto y allá fui. Llegué a las 5. Al rato aparece un tipo vestido con ropa deportiva. Nos abrazamos y salimos. A lo largo del camino lo fui conociendo y ayudando a dosificar el esfuerzo. Cuando volvimos, en la esquina del estadio, estaba el hijo, con la remera de Superman, porque para él, su papá pasó a ser Superman por correr tanto. Ésas son pequeñas cosas que te llenan el alma.".

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