En estos años lo hemos visto todo. Dirigentes favoreciendo a un atleta que les caía bien y negando ayuda a otro que tenía los méritos deportivos; malos deportistas consiguiendo grandes sponsors, buenos deportistas con los bolsillos vacíos y tratando de congraciarse con el mecenas de turno para obtener una mejora... En todos lados, ganadores y perdedores. Hay dirigentes que llegan a un cargo y desde su posición pueden asignar beneficios, trabajos o becas, y ubican allí a sus familiares y luego preguntan desafiantes: ¿acaso está mal tratar de ayudar a un hijo o un hermano?
Cuando se dice que el deporte argentino creció gracias al Enard, también se pueden hacer otras lecturas. ¿Subir un puesto nada más en el medallero Panamericano es suficiente? Tal vez no se trate de ver sólo el resultado, sino que los deportistas se sienten mejor que antes. No debería haber motivos para ser pesimista. Pero hay cosas que incomodan.
La decisión de los legisladores de otorgar el 1 por ciento de la recaudación de la telefonía celular a los atletas de nuestro país fue un bálsamo. Nadie puede decir que le hizo mal al deporte. Entonces alguien recuerda la forma en la que se dio todo. La ley se sancionó en el último mes de 2009, poco antes de que el oficialismo perdiera las mayorías en ambas cámaras. Agustín Rossi, jefe del bloque oficialista, cerró el debate que cuestionaba algunos puntos con una frase sencilla, pero que dejaba otra vez flotando una sensación extraña: "Es un mensajito de texto, muchachos". Es cierto, el 1 por ciento es muy poco para una persona que tiene un celular? La ley fue impulsada por el Comité Olímpico Argentino, presidido por Gerardo Werthein, un exitoso empresario con varios negocios; entre ellos, el de la telefonía.
Algo es seguro: Werthein no recibe ni un solo centavo de la recaudación que se destina exclusivamente a los deportistas. Pero Werthein, como poseedor de un porcentaje accionario de Telecom, que a su vez contiene a Personal, es un agente de cobro que se ve indirectamente favorecido por el aumento del flujo de caja. El crecimiento del volumen del negocio en el rubro les otorgó beneficios a su posición y a la de todos los dueños de compañías de celulares.
Y allí se produce otra encrucijada. ¿Werthein hizo bien o mal al impulsar el proyecto? Todo parece indicar que estuvo bien, casi todos están contentos. Aunque también hay quienes pueden interpretar que por razones éticas no era precisamente él quien debía haber dado ese paso. Ahora bien: ¿por qué no lo llevó adelante alguien más? Claudio Morresi, secretario de Deporte, hizo público muchas veces su deseo de crear un ente de aportes privados para el deporte olímpico, "para que el Estado deje de ser el único sponsor de los atletas". No lo consiguió en años y Werthein lo hizo en un par de semanas. El bajo perfil de uno y el alto perfil del otro, más las diferentes posibilidades de aprovechar el poder y los contactos con el poder, marcan diferencias. Otra vez: aquí no se señalan buenos y malos, capaces o incapaces. Hay realidades, posibilidades y comportamientos distintos.
Si en un nuevo ente gubernamental se designan cargos pasando por alto concursos y normas legales, pero se ejecuta y se pone en marcha un beneficio para la mayoría, se hizo un bien actuando mal. Hay tanta herrumbre en la estructura social y del deporte argentino que no se quitará de un día para otro. Tampoco es posible provocar una implosión y empezar de cero como si se tratara de un edificio viejo. Tener más dinero es bueno, indudablemente. Pero la plata no servirá para componer el enorme daño cultural que sufrió nuestro deporte. En algún que otro caso, más dinero puede incrementar los vicios. Alcanza con echar una mirada a lo que pasa en el fútbol con los nuevos ingresos de la TV.
Por eso, por cansador que resulte, un buen camino es pensar en la educación, aunque suene inabarcable. Sólo las instituciones escolares privadas ofrecen posibilidades de práctica deportiva. La escuela pública tiene profesores que, en el mejor de los casos, consiguen que los chicos se entretengan un rato en un recreo prolongado. Alguna vez deberá recuperarse el lugar donde todo comienza. Aunque los trabajos en las bases no consigan medallas para publicar en los diarios.