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Boxeo

Falleció Angelo Dundee

Una invaluable pieza de colección del pugilismo.

Por Osvaldo Príncipi | Para canchallena.com

 
 

El célebre entrenador y estratego norteamericano de boxeo Angelo Dundee, ilustre por su trabajo en el rincón y en la dirección de la carrera del ex campeón mundial pesado Muhammad Alí, falleció anteayer en su domicilio de Tampa (Florida), como consecuencia de un infarto cardíaco.

Dundee, de 90 años, consolidó una de las mejores imágenes que tuvo el boxeo por su tarea, su convicción y su obra, consagrándose como uno de los mejores de todos los tiempos.

Ligado a la enseñanza desde los años 40, perfeccionó su oficio de entrenador en los más rudos gimnasios de Nueva York y Filadelfia, siguiendo los consejos de maestros notables como Ray Arcel, Charlie Goldman y Chickie Ferrara, hasta que junto con su hermano Chris decidieron instalarse en Miami y allí "refundaron" el mítico gimnasio de la "5» Street", en 1951, donde comenzó a gestarse -tiempo después- el camino hacia el título mundial de Cassius Clay.

Extrajo del movimiento de los grandes boxeadores cubanos como Luis Manuel Rodríguez, Ultimino Ramos y Douglas Vaillant la aplicabilidad y lucimiento de las piernas en los combates de pugilismo. Formó un equipo fantástico con el técnico cubano Luis Sarría y con el doctor Ferdie Pacheco combinaron a la perfección la sabiduría para plantear las peleas.

Estuvo ligado al gran bicampeón mundial Carmen Basilio, pero previo a Clay su primera gran obra fue Willie Pastrano, campeón mundial semipesado de la década del 60.

Junto a Muhammad (como siempre llamó a Alí), escribió paginas inmortales en la historia de este deporte; desde el nervioso trabajo de su rincón en la conquista del cetro ante Sonny Liston, en 1964, hasta las épicas peleas con Joe Frazier o George Foreman. Siempre estuvo Angelo, allí. Sobre todo, cuando en 1975, en la batalla de Manila, aguardó hasta el último instante para acceder al pedido de abandono de Alí, en el descanso previo al 15° round, sabiendo que su rival, Frazier, iba a rendirse primero. Y así se dio. Alí ganó al levantarse del banquito...

Querido en todo el mundo, estuvo varias veces en la Argentina -admiraba a Amílcar Brusa y tenía una gran relación con Tito Lectoure, a quien acompañó en su inducción en el Salón de la Fama-; se dio el gusto de dirigir a los mejores, desde Sugar Ray Leonard -su otro diamante histórico-, en todos sus clásicos "inmortales" ante Roberto Durán, Marvin Hagler y Tommy Hearns; hasta un viejo George Foreman, que se dio el gusto de tenerlo en el rincón la noche en la que reconquistó la corona, con 45 años, al noquear a Michael Moorer. Inclusive, se lo recuerda en el rincón de José Mantequilla Nápoles, aquella vez que, en París, el cubano naturalizado mexicano cayó ante Carlos Monzón en 1974, después de una cátedra boxística del santafecino.

Su última aparición pública fue el 17 de enero pasado, en el 70º cumpleaños de su joya más preciada, el enorme Muhammad Alí, en Louisville. Sabía, íntimamente, que debía estar en ese festejo. Quizás, a modo de despedida de quien fue ártifice de los mejores años de su vida..

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