Al final, Instituto de Córdoba, el líder de la B Nacional, miró con calidez esa igualdad sin goles en Caballito, frente a Ferro. Porque el local lo asfixió durante la mayor parte del partido, le anuló los circuitos de juego y estuvo muy cerca de conseguir el triunfo. Claro que la estructura de Ferro a punto estuvo de desmoronarse cuando el árbitro Juan Pablo Pompei cobró un discutible penal sobre el juvenil Paulo Dybala. Después, Claudio Fileppi lo falló.
"Pensamos en no perder", reflexionó el mediocampista Ezequiel Videla luego del encuentro. Al promediar el segundo tiempo, y viendo que Ferro seguía con un enorme despliegue físico, los cordobeses comenzaron a dar por bueno el punto conseguido fuera de su estadio. Jamás pudieron encontrarle la vuelta a Julio Buffarini, el volante nacido en las inferiores de Talleres (Córdoba). El jugador, por quien San Lorenzo preguntó condiciones en el verano, vivió sin marca por la punta derecha y se las ingenió para hacer jugar a sus compañeros. Otro punto alto de Ferro fue Jorge Pereyra Díaz, observado por otro club de primera: Racing. El tándem Buffarini y Pereyra Díaz generó las mejores jugadas del local, aunque a Ferro volvió a fallarle la definición.
Además del penal fallado por Fileppi, Instituto dispuso de otra posibilidad, sobre la mitad de la segunda parte. Esta vez fue Dybala el que estuvo muy cerca de vulnerar el arco de Ferro, pero una gran estirada del arquero De Giorgi evitó el gol. Desde entonces, y hasta el final del encuentro, Instituto se dedicó a sostenerse. Ferro puso en la cancha lo mejor que tenía en el banco, incluido el último refuerzo, el delantero Osvaldo Miranda, quien recaló en Caballito luego de jugar en el fútbol rumano. El otro hombre nuevo, Luis Salmerón, estuvo en el campo desde el comienzo. Gómez mutó el sistema táctico (pasó de 4-4-2 a 4-3-3) e intentó conseguir el gol que le diera los tres puntos.
La intensidad del equipo verde en toda la cancha forzó a Instituto a replegarse contra su arquero, Chiarini. Entonces, su única alternativa para ganar el encuentro pasó a ser el contragolpe. Sin embargo, la chance nunca llegó. Como tampoco le llegó a Ferro esa jugada clara (más allá de un cabezazo de Salmerón en el primer tiempo) que le permitiera convertir. Así, entre la conformidad de uno y la impericia del otro llegó el final del encuentro. "El equipo está cada vez mejor. Sólo nos falta el gol", dijo Buffarini. Instituto, mientras tanto, apretaba el puño y valoraba el sacrificado punto que se llevaba en su visita a Caballito.