Canchallena
 

Las nueve lunas de Almeyda rumbo al ascenso a Primera

El escenario tan temido está instalado en Nuñez. La angustia se ha quedado a vivir en el Monumental y nada parece hacer pensar que se moverá de allí durante los próximos dos meses.

La realidad golpeó fuerte y ya nadie piensa en lo que supo ser la fantasía de que el campeonato se ganaba desfilando y el ascenso iba a estar garantizado varias fechas antes del final. La historia de la banda roja no fue capaz de voltear muñecos con su solo peso y el desenlace del torneo, está claro que despertará incertidumbre al por mayor. Incluso y adaptándose a una realidad que no da como para andar gastando a cuenta, la palabra Promoción, ahora del otro lado del mostrador, reapareció por el campamento millonario como una alternativa sino probable, al menos posible.

Almeyda siempre habló de la valía del plantel, quizás porque nunca pudo encontrar el equipo. A ésta altura del camino, no pocos hubiéramos imaginado que el entrenador ya tendría definido un elenco estable y sobre todas las cosas un módulo de juego. No está mal realizar alguna movida ligera en función del rival y de las especificidades del caso, pero tanto recambio, implicó una inestabilidad algo desaconsejable. Que Almeyda es un entrenador con coraje y que toma decisiones, no cabe ninguna duda. Pero si cuando la bandera a cuadros ya se observa en el horizonte, aún no sabemos bien a qué juega River, entonces el problema es evidente.

En todos los puestos hubo movimientos. Ni Chichizola ni Vega fueron capaces de abortar las críticas desde el arco. Entre Vella y Abecasis, el técnico nunca pareció definirse y aunque este último parece claramente más jugador, el partido de hoy con la inclusión del primero muestra que en la cabeza del líder las cosas se ven de un modo distinto. El bajón futbolístico por cuestiones personales, más la llegada de Ponzio, dejó afuera del equipo a Cirigliano durante un tiempo, aunque en realidad el problema fundamental fue otro. La aparición de Trezeguet y la intención de Almeyda de que compartiera campo con Domínguez y Cavenaghi, obligaba al sacrificio de un mediocampista o de un defensor. Se probaron de las dos formas y al influjo de los resultados se cambió la manera con la misma compulsión con la que se la había implementado. Hubo tiempo para Aguirre y también para Ocampos. En la segunda rueda, Ríver jugó con línea de tres en el fondo, con un enlace y dos puntas, con dos delanteros y dos líneas de cuatro e incluso con tres delanteros como en la gran tarde del triunfo ante Instituto o en el empate con sabor a derrota del domingo pasado con Aldosivi. Tuvieron acción Villalba, Ocampos, Funes Mori y el Maestrico González. Los apellidos se acumularon, pero el equipo nunca estuvo.

Salvo algunos pasajes de algunos partidos, Ríver nunca fue capaz de jugar realmente bien en tanto colectivo, ya es demasiado tarde como para pedirlo ahora. Lo que viene por delante será tenso, duro y en algunos momentos dramático.

Cuando empezaba la década del noventa, la dirigencia que comandaba Alfredo Davicce decidió confiar en Daniel Pasarella para que sus primeras armas como entrenador las hiciera sentado, y con éxito, en el banco de Ríver. Años más tarde la fórmula se repitió con Ramón Díaz y los resultados, más allá de los conocimientos, fueron incluso mejores.

Ahora la apuesta fue similar. Almeyda es un hijo de la casa, un ídolo moderno que lleva la banda tatuada en la piel, pero el momento es distinto. Para el imaginario popular, ganar se transformó en una obligación y cada triunfo a lo largo del campeonato no fue ni más ni menos que lo correspondía. Las virtudes de los rivales, las debilidades propias y el doping mediático de cada silencioso obrero del ascenso, de saberse en la tapa de los diarios en caso de transformarse en el héroe del día, se encargaron del resto. La actualidad es muy delicada y no parece haber margen de error.

Por estas horas, muchos hinchas de Ríver debaten acerca de si deberían festejar el ascenso o si solo deben tomarlo como el retorno al lugar del que no deberían haber salido jamás. Incluso algunos se interpelan respecto de si corresponde celebrarlo, aún si se logra alcanzando el segundo lugar y no dando la vuelta olímpica que lo consagre como el mejor. No parece el tiempo como para detenerse en cuestiones de forma. El fondo es el ascenso y ese es el objetivo.

Contó Matías hace un par de semanas, que le gusta salir a la calle camuflado, los días de partido para ver las caras de los hinchas y cargarse de energía. Sabe el líder que lo que queda por delante será durísimo. Ya son historia la primera luna de gracia con Instituto y la segunda de angustia con los marplatenses de Aldosivi. Quedan los jujeños, los tucumanos, los sureños de Madryn, Rosario Central, Boca Unidos, Patronato y Almirante Brown.

Todo puede pasar. Siete lunas más separan a Almeyda, sus jugadores y a los hinchas de la vuelta, o del dolor tan temido. En cualquier caso estaremos hablando de lo mismo. Con emoción, incertidumbre y gran ansiedad, River sabe que lo espera un parto..

canchallena por e-mail.
Suscribite y recibí todos los días las últimas noticias de deportes

Suscribite ahora