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Qué ganó y qué perdió Boca

Por Christian Leblebidjian

Boca venía de salir campeón invicto en el Apertura 2011. Y en 2012 llegó con protagonismo al epílogo del Clausura y a las finales de la Copas Libertadores y Argentina. Pese a no coronar su participación con una vuelta olímpica, desde los resultados, Boca no debería reprocharse nada. Incluso en los números, el ciclo de Julio Falcioni fue positivo: disputó 76 partidos oficiales, de los cuales ganó 37, empató 28 y perdió 11, con 104 goles a favor y 62 en contra. Pero, desde este lugar de los análisis, nunca se fue resultadista. Lo que parece irreprochable desde las matemáticas, es frágil desde las formas. Lo que resulta elogiable desde la mentalidad en busca de un objetivo continental como la Libertadores, es cuestionable desde la deshilachada relación/confianza que persiste entre el cuerpo técnico y el plantel, aún con la salida de Riquelme.

¿Podrá Falcioni recuperar la adhesión que tuvo en los jugadores en el Apertura 2011? Porque Román tuvo méritos en ese título, pero jugó la mitad de los partidos. El técnico supo edificar una estructura que funcionaba a su medida, incluso sin el N° 10, y los futbolistas le respondían al pie de la letra en las planificaciones, en la forma de jugar.

Sorpresivamente, desde el escándalo en Venezuela, todo cambió. Incluso desde la fisonomía del equipo. Hasta los propios titulares reclamaban ser más ofensivos, y el "orden y equilibrio" que fueron bastión de la conquista falcionista le dio lugar a un mayor poder de fuego arriba, pero también a más grietas defensivas, que antes los mismos jugadores no mostraban.

En las formas, negativas por cierto también, hay que apuntar todo lo que rodeó las horas previas a la definición con Corinthians en San Pablo, entre los rumores instalados por el propio hermano de Riquelme, los cortocircuitos por el seguro de Roncaglia y la renovación del contrato de Schiavi. Si bien Boca perdió la final por jugar mal, todos los protagonistas, desde su experiencia, no ayudaron al contexto.

Fue sorpresivo, también, el efusivo respaldo de Angelici a un DT que (hace tiempo) dejó de tener el control de sus dirigidos y que es mirado de reojo por los jugadores por cuestiones que tienen que ver con el trato personal y su influencia en condiciones externas que enfurecieron a los refuerzos.

Si bien desde los resultados no hay nada que reprocharle, desde las formas sí. Aún sin poner en el balance la salida poco clara de Riquelme, Boca perdió más de lo que ganó..

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