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Berlustelli

Primero dijo que Massimiliano Allegri, DT de Milan, su club, no sabía "nada" de fútbol. Luego reivindicó el catenaccio. Y ayer identificó a los dos jugadores que, según contó, le indicó a Allegri que deberían hacer marca individual hoy sobre Lionel Messi. Lanzado a los 76 años a reconquistar Italia, Silvio Berlusconi perdió hasta el buen gusto que tenía en el fútbol. Teme que un papelón ante el exquisito Barcelona afecte sus chances para las elecciones que se celebrarán en Italia el domingo y lunes próximos. Si hoy falla su "táctica anti-Messi", Berlusconi podrá recuperarse el domingo en el clásico contra Inter. Su carta se llama Mario Balotelli. Lo compró hace tres semanas por 20 millones de euros. Inhabilitado en Liga de Campeones porque jugó en primera fase para Manchester City, Balotelli lleva 4 goles en 3 partidos y desde su arribo a Milan es el personaje número uno del calcio . Símbolo de la política futbolizada. O del fútbol politizado. Su fichaje -aseguró "Berlustelli"- no fue político.

Hace hoy 27 años exactos Berlusconi se adueñó del Milan. Veintiocho títulos, fichajes resonantes y la siempre formidable vidriera del fútbol fueron claves, se sabe, para su carrera política. La campaña actual, sin embargo, tiene una novedad: el racismo. La historia comenzó el jueves 3 de enero pasado. El jugador de origen ghanés Kevin-Prince Boateng, criado en Wedding, uno de los barrios más peligrosos de Berlín, no soportó el enésimo "buuuu" racista que partió de la tribuna rival, lanzó un pelotazo furibundo contra los fanáticos y se fue de la cancha. Sus compañeros lo siguieron y el partido se terminó a los 26 minutos. "Aseguro que en todos los partidos, incluso internacionales, donde se confirmen episodios de este tipo, el Milan dejará el campo de juego", lo apoyó Berlusconi. Difícilmente suceda eso hoy ante Barcelona. Pero San Siro sí podrá ser escenario de coros racistas el domingo, cuando los fanáticos de Inter, que vienen insultándolo en las últimas fechas, quieran desquitarse del desplante de Balotelli cuando era jugador del club. Tiró tras un partido la camiseta al césped y luego posó públicamente con la camiseta del "odiado" Milan. Berlusconi, que construyó su carrera política con aliados que aún hoy piden echar de Italia a los inmigrantes negros, advirtió que no tolerará insultos hacia Balotelli, "el negrito de la familia", como lo llamó Paolo Berlusconi, hermano del presidente.

Los insultos racistas contra Boateng sucedieron en el estadio de Pro Patria, un club de cuarta división en Busto Arsizio, un municipio ubicado 25 kilómetros al norte de Milán. "Fueron cuatro gatos locos", minimizó el alcalde Gigi Farioli, dirigente del Pueblo de la Libertad (PDL), el partido fundado por el propio Berlusconi. Dieciséis días después, el club Casale suspendió su partido contra Pro Patria por insultos racistas contra uno de sus jugadores. En 2003, cuando Pro Patria fichó al nigeriano Ikechukwo Kalu, se fueron numerosos socios y muchos otros hinchas dejaban el estadio si Kalu salía como titular. Uno de los agresores de Boateng, Riccardo Grittini, fue despedido de su cargo de asesor de Deportes de la vecina ciudad de Corbetta. Al alcalde Antonio Balzarotti lo entrevistaba el canal Sky Tg24. Tras la condena de rigor al racismo y, creído que el micrófono estaba cerrado porque la entrevista había terminado, Balzarotti preguntó a un colaborador: "¿Acaso es delito si uno hace buuu a un negro?". Balzarotti y Grittini pertenecen a la Liga Norte, un partido xenófobo que pide un Norte separado. Sus dirigentes han propuesto en la última década desde llevar a los inmigrantes negros hasta el glaciar del monte Blanco para contarlos más fácil "y después hacer con ellos granadina de menta", hasta disfrazarlos de liebres para que los ciudadanos les disparen con escopetas, una broma, claro. Eran años del segundo gobierno de Berlusconi, que fue premier italiano en tres períodos distintos, cuando los inmigrantes sufrieron razzias inéditas, que motivaron hasta reclamos de la Unión Europea. La Liga Norte era su principal aliado político.

Así como Boateng vio disparar a jóvenes delante suyo y a muchos de sus amigos caer en prisión, Balotelli tampoco tuvo un inicio fácil. Pasó internado el primer año de vida por severos problemas intestinales. Obligados a vivir en un ambiente único con sus otros hijos y una familia más, húmedo y precario, Thomas y Rose Barwah aceptaron la recomendación de la asistencia social y entregaron a Mario, con tres años, a la familia Balotelli, en Brescia. Talento precoz (debutó en la primera del club Lumezzane con apenas 15 años), Balotelli asomó como un fenómeno en las inferiores de Inter, hasta que en 2011, harto de sus desplantes, el club lo vendió a Manchester City por 22 millones de euros. En Inglaterra repitió goles y escándalos y forzó su venta a Milan. Berlusconi había negado su arribo unas semanas antes de ficharlo. "Es una manzana podrida que puede infectar al resto del plantel", afirmó. Infantil e indisciplinado, Balotelli recotizó sin embargo en Italia porque fue la figura de la selección subcampeona de la Eurocopa 2012, incluidos dos goles que le marcó a Alemania. Al anunciar su fichaje, Berlusconi comparó a Balotelli con Mario Monti, el tecnócrata que asumió a fines de 2011 tras su salida y al que ahora promete aplastar en las elecciones. "Mario Balotelli -dijo Berlusconi- hizo dos goles que hicieron llorar a los alemanes, mientras el otro, Mario, hizo dos goles con los impuestos que hicieron llorar a todos los italianos".

Balotelli podría sumar un 2 por ciento más de votos. Lo dijo Pierluigi Bersani, favorito en los sondeos. Pero el centroizquierda sufrió un escándalo bancario y Berlusconi, un cadáver político un año atrás, parece cada vez más cerca, delante de otro candidato inesperado, Beppe Grillo, cómico, pero de profesión. "Si yo tuve mi «bunga-bunga»", dijo Berlusconi al recordar sus noches con prostitutas vip, "la izquierda -ironizó- tiene su «banche- banche»". Abonado número uno a los escándalos judiciales (dice que lleva gastados 400 millones de euros en abogados), Berlusconi define a los jueces que lo investigan como "el cáncer de nuestra democracia". Lo dijo en un teatro de Bari, mientras cientos de sus votantes cantaban "el que no salta es un comunista, el que no salta es un comunista". Prometió 4 millones de puestos de trabajo y devolver impuestos fiscales que su propio partido había aprobado un año atrás. Y, sugiere, por qué no, que Balotelli no alegrará sólo a los seis millones de hinchas de Milan, sino que podrá comandar a una Italia campeona mundial en Brasil 2014. El primer partido de Berlusconi, al fin y al cabo, se llamó "Forza Italia".

"Berlusconi -escribió Beppe Severgnini en el Corriere della Sera- sabe que representa una vieja novedad". Y que, por eso, siempre debe ofrecer sorpresas. Berlusconi sabe además como ningún otro que la política también es ilusión. Severgnini cree que la gente votará el domingo por un programa político y no por Balotelli. Pero dice que Berlusconi y sus promesas imposibles sirven para "distraer". Para no recordar, por ejemplo, que de 2001 a 2011, ocho años de los cuales trascurrieron bajo su gobierno, apenas hubo dos países que crecieron menos que Italia: Haití y Zimbabwe. "SuperMario", como llaman a Balotelli, provocó un caos céntrico en su primera noche en Milán. El vicepresidente Adriano Galliani, mano derecha de Berlusconi, llegó al restaurante Giannino acompañado de Giancarlo Capelli, "Il Barone", líder histórico de la curva Sud, vinculado con personajes de la extrema derecha milanesa y a quien unos años atrás el propio Galliani había denunciado por extorsión. Fuera del local, cientos de fanáticos cantaban "¡Milano siamo noi!, ¡Milano siamo noi". ß.

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