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El mejor momento de Saja

 
 

Los primeros momentos de Sebastián Saja en primera despertaron elogios. Su capacidad atlética, su coraje, su pegada y una extraordinaria confianza en sí mismo eran argumentos sólidos para instalarse como un potencial arquero de selección. Pero le llevó algún tiempo aprender a esconder defectos y excentricidades. Entre tantos beneficios de esa personalidad desbordante también mostraba algunas irregularidades. Pasó el tiempo y hoy, a los 33 años, no sólo ha moderado hasta lo imperceptible esos rasgos menos deseados, sino que supo agregarse nuevas capacidades.

Desde hace tiempo no hay un arquero que goce de la unanimidad. En realidad, desde Fillol que eso no sucede. El puesto es mucho más sofisticado que en sus orígenes. Las modificaciones reglamentarias le dieron más protagonismo, y la velocidad del juego y de los remates, sumada a pelotas más livianas y rápidas, incrementó sus dificultades. Pero el principio fundamental es el de siempre: impedir que la pelota entre.

Romero tiene la ventaja de la titularidad. Debe defender su cargo -tarea de por sí exigente-, pero no debe conquistarlo; hoy, el puesto es suyo. En el camino, debe conseguir mejores garantías cada vez que sale. En el último partido quedó en evidencia que, en el afán de ganar seguridad, vivir sobre la línea de gol, justamente, lo vuelve inseguro. Le falta dar ese paso y medio adelante que le permita sacar ventaja.

Andújar siempre ha sido sobrio, con porte y con agilidad para ir abajo a pesar de su altura. Lo único que se ha demorado en su carrera es ese salto de calidad definitivo que lo asiente por completo.

Orion, sin las facultades físicas de los anteriores, conoce el oficio, lo disfruta y crece ante los desafíos más grandes. Falcioni le dio el arco de Boca, y Bianchi lo ratificó, relegando a Ustari, nada menos. A propósito, Ustari es el de mayores cualidades técnicas. Lo tiene todo. Parte por parte, es el mejor. Pero los análisis fragmentados no siempre son buenos. Si algo le faltó a Ustari en estos años es continuidad, ratificar sus aptitudes desde la frecuencia.

En ese grupo selecto, Saja merece ser considerado. Su actualidad no es una racha. Ha mostrado madurez, liderazgo y conocimiento del oficio. Domina los espacios con tal astucia, que sus intervenciones son exactas. Saca bien, de arriba, de abajo y con la mano; se apura si hay posibilidades de contraataque y gasta los 6 segundos si el equipo debe salir; no corre ni vuela de más. Aquellos gestos ampulosos de sus comienzos sólo pueden verse en Expediente fútbol . Ahora luce sereno, apasionado y, sobre todo, calificado para competir en la selección argentina..

canchallena por e-mail.
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