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Habemus Corvum

 
 

"Cuando investigué a Scotland Yard -me decía David Yallop en 1999- creí que era la organización más inexpugnable, hasta que me metí con los silencios oscuros del Vaticano. Pero luego llegué a la FIFA. Ahí sí que choqué como nunca con la ley de la omertà ." En nombre de Dios, escrito en 1984, investigó la misteriosa muerte del papa Juan Pablo I. Y ¿cómo se robaron la Copa?, de 1998, sacó los trapos sucios de João Havelange. El escritor inglés pasó de una religión a otra. En sus libros, el Vaticano se convirtió en la FIFA. Las congregaciones religiosas en clubes de fútbol. Las catedrales en estadios. Los santos en goleadores. Los fieles en hinchas. Y los misioneros en periodistas. O los periodistas en misioneros. El misterio de la vida, claro, es más complejo que el del 4-3-3. Y tampoco da igual prometer la salvación eterna que no irse a la B. Más superficial y fugaz, al fútbol lo ayuda la TV, que da garantía de sus milagros en HD. "El fútbol -escribió el historiador británico Eric Hoshbawm- es la religión laica del trabajador."

"¡Pero si es Cuervo! ¡El Papa es Cuervo!", gritó el actor Viggo Mortensen mientras cocinaba con la camiseta de "Me Verás Volver" (a Boedo). "No seas tonto, no exageres, que sea argentino no quiere decir que sea de San Lorenzo", lo frenó su novia. "Pero es verdad. ¡Es del Ciclón, te lo juro! ¡No me lo puedo creer!" Se lo cuenta Viggo al escritor Fabián Casas en el sitio percevalpress.com . Allí hablan de Tolstoi y de Volver a Boedo. De Schopenhauer y Buffarini. Y del nuevo papa Francisco, igual que ellos, hincha de San Lorenzo. "¡Habemus Corvum!" Casas le cuenta su esperanza de que el nuevo papa "expulse del templo a los fariseos y saque tarjeta roja a los pedófilos". Y lo despide con una frase de Carlos Mugica, el cura villero y peronista asesinado en 1974 por la Alianza Anticomunista Argentina: "No importa si el cielo existe o no, lo importante es saber qué hacer con este infierno donde vivimos". "A ver si el papa Paco se porta de manera distinta a todos sus antecesores", adhiere Viggo. Habla de "un señor que parece ser mucho más simpático y humano" que Ratzinger. Gracias a Jorge Bergoglio, añade, "ya no tendré que explicar tanto lo que es San Lorenzo en mis viajes". Pero Viggo dice también que las "religiones institucionalizadas, tarde o temprano, se han convertido en herramientas opresoras y explotadoras". "No sé si Dios creó al hombre -escribe Viggo citando a Fiodor Dostoievski- o el hombre creó a Dios". Debaten sobre el rol de Bergoglio y la Iglesia Católica en la dictadura. Y, cuervos al fin y al cabo, terminan preguntándose si Mauro Cetto cometió penal o no en la derrota contra Tigre.

Acaso para evitar competencias, y asustada tras una celebración evangélica de la selección de Brasil en Sudáfrica, la FIFA prohibió en 2009 las expresiones religiosas en sus partidos. San Lorenzo pidió permiso para jugar el sábado pasado con una imagen del papa Francisco. Ganó con "pobreza franciscana", como ironizó un cronista. Fue un riesgo. Todavía se recuerda cuando algunos jugadores de Colón, justamente su rival del sábado en Santa Fe, echaron el año pasado del Estadio Brigadier López a la Virgen de Nuestra Señora del Guadalupe, convencidos de que era mufa. Biblia en mano, un curandero de Monte Vera juró que no la había destruido. La Virgen (una nueva porque la original jamás apareció) volvió a su lugar. La imagen de Francisco, en cambio, no volverá a aparecer en partidos oficiales en la camiseta de San Lorenzo. Marcelo Tinelli sabe de marketing. El Vaticano y la FIFA también. Tampoco deberían cambiarse los históricos colores azulgrana, más aún después de que el propio Bergoglio advirtió que el padre salesiano Lorenzo Massa los tomó del manto de la Virgen Auxiliadora. Uno de los pibes fundadores, Francisco Xarau, contó décadas después al Gordo Soriano, otro hincha célebre del Cuervo, que, en realidad, Massa llegó un día de 1908 con dos juegos de camisetas. Uno verde y blanco, otro rojo y azul, ambos en franjas verticales, y que la ganadora, dijo Xarau, quedaría como definitiva. Por sorteo, los pibes de Almagro jugaron de rojo y azul. Ganaron 5-0. El verde y blanco fue desechado.

Pocos saben que Jorge Luis Borges, uno de los escritores favoritos de Francisco, podría ser otro hincha célebre de San Lorenzo. Sus compañeros de trabajo de la biblioteca Miguel Cané, cuenta Enrique Escande en Memorias del Viejo Gasómetro, le preguntaron un día de qué cuadro era. "¿Qué quiere decir eso?", preguntó. Comprendió que le hablaban de fútbol y no de Van Gogh. Adhirió al Cuervo, porque era mayoría. A cambio, pidió que no lo hicieran ir a la cancha. Tampoco saben muchos que, además de cura fundador y cura papa, San Lorenzo, argentino al fin y al cabo, también tuvo un "cura trucho". Fue "el Zurdo" Horacio Romero, que a los 49 años, se disfrazó de cura desesperado para poder entrar en la preinauguración del Nuevo Gasómetro en 1993. Cuando llegó a una cabecera repleta de hinchas eufóricos -contó Juan José Panno días después en Página 12-, Romero dejó de impartir bendiciones a la cancha, se levantó la sotana y mostró la camiseta azulgrana. Recordé el dato para un artículo que publicó este lunes el diario El País sobre Bergoglio y su pasión cuerva. El jesuita futbolero acaso más célebre fue justamente español. El vasco Ignacio Ellacuría lideró un equipo tan bueno en la Facultad de Teología de Innsbruck que los superiores, preocupados, le ordenaron que dejara de jugar. Ellacuría, fana del Athletic, impulsor de la investigación científica para hablar de teología no sólo desde la moral, buscó mediar hasta último momento para evitar más violencia en El Salvador. Le habían advertido que su vida corría peligro. Impulsor de la Teología de la Liberación, Ellacuría eligió seguir en su puesto aún en medio del terror. El Ejército lo asesinó en 1989.

Crítica del deporte, porque exhibía cuerpos semidesnudos, se convertía en fiesta pagana y distraía de las obligaciones religiosas, la Iglesia Católica comprendió luego que el esfuerzo físico servía para cansar los cuerpos y disciplinar las almas. La idea religiosa -cuenta el libro Religión y Deporte , del padre Benoit Joseph Bickel, de 1947- estuvo siempre presente en los deportes de la antigua Grecia. Todo cambió cuando se olvidó a Dios y pasó a adorarse al dinero y al ídolo. En 1521, con León X en la tribuna, se jugó el primer partido de fútbol en los jardines del Vaticano. Clemente XII, León XI y Urbano VIII jugaron al "calcio fiorentino" y Juan XXIII no le dio suerte a su Atalanta querida cuando fue a verla en 1962 en una derrota 3-1 contra la Roma, en el Olímpico. Más cerca, Juan Pablo II fue un buen arquero. Y Benedicto XVI es socio honorario del Bayern Munich. Fino intelectual, a Joseph Ratzinger no le atraía el fútbol. Pero en 1978, cuando comenzaba el Mundial en Argentina, escribió que la frase "pan y circo" que se le atribuía peyorativamente al fútbol, merecía una interpretación más amplia: "¿Dónde estará la fascinación por un juego que asume la misma importancia que el pan?". Decía que la disciplina del entrenamiento permitía el máximo de la libertad, del gusto al juego, de la diversión. "El fútbol -concluía Ratzinger- es un pequeño anticipo al paraíso." Casi canonizado en Buenos Aires aún antes de "salir oficialmente a la cancha", Francisco, un papa con gestos de sentido común, sin zapatos de Prada ni relojes Cartier, fue al grano cuando el último domingo rompió otra vez el protocolo, se acercó a la gente y, sorpresivamente, le dijo a la TV italiana: "Que gane San Lorenzo"..

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