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Brillo y, como siempre, goles: la selección volvió a ganar y sigue firme rumbo al Mundial

 
 
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Tanto tiempo no pasó en vano. Después de 292 días, la Argentina volvió al Monumental en una versión muy superadora de aquella que se había ido despedida entre silbidos por el empate contra Bolivia. Este seleccionado creció, se hizo fuerte, con Messi como indiscutido líder futbolístico. El 3-0 a Venezuela estuvo en línea con la evolución de un equipo que conforma e ilusiona a los hinchas. El seleccionado resolvió otro compromiso de las eliminatorias con autoridad colectiva y jerarquía individual. La ruta al Mundial está despejada y mientras tanto va disfrutando del viaje.

Un partido en 50 metros. Eso fue lo que ocurrió en el primer tiempo por el dominio absoluto que ejerció la Argentina. Mientras en el medio campo argentino crecía la hierba por falta de tránsito, del lado de Venezuela la actividad fue intensa por la sostenida producción del equipo de Sabella. Romero ingresó en la cancha con su hija en brazos para la ceremonia de los himnos. La podría haber mantenido durante los primeros 45 minutos porque el juego se desarrolló muy lejos de su arco. Apenas un lánguido remate de Arango a los 36 minutos lo sacó de la función de espectador de la aplicada labor de sus compañeros. Ya en el segundo período, con el encuentro definido, tuvo que revolcarse un par de veces.

Fue de menor a mayor el rendimiento de la Argentina en la primera etapa. El equipo lleva a la práctica la premisa del técnico de no distenderse, de no relajarse. Encaró el partido con iguales dosis de tranquilidad y seriedad. Sin dos (Agüero y Di María) de los cuatro poderosos delanteros, la Argentina se acomodó a un esquema que no le restó presencia. Lavezzi se movió preferentemente por la izquierda, a lo Di María. Y Montillo, que fue tomando confianza y más participación con el correr de los minutos, estuvo del medio hacia la izquierda.

 Así está la tabla de posiciones de las Eliminatorias

La Argentina pronto levantó una muralla en la zona central con Mascherano y Gago. El quite de ambos permitió que la iniciativa del seleccionado fuera permanente. Venezuela llegaba por primera vez al Monumental con una consideración superior a la que siempre la ubicó en el sótano del concierto sudamericano. Salvo Lucena, el resto de los titulares se desempeña en el exterior. Y su campaña lo pone en la discusión para llegar por primera vez a un Mundial. Como si hubiera tomado nota de eso, el seleccionado nunca cayó en el error de la subestimación. Jugó con máxima concentración.

Fiel a su estilo de ser más vertical que parsimonioso, el seleccionado empezó a crear peligro y darle trabajo al arquero Hernández. Gago metía asistencias rectas que rompían las líneas visitantes. Messi también se activó y ya se sabe que cuando eso sucede, el partido cambia, pasa a ser otro, se juega según su dictado. Y el resto se potencia, lo sigue, como debe ocurrir cuando se tiene al mejor del mundo. La comunión entre Leo y el resto es total. Se advierte en detalles, como cuando todos, salvo el arquero, van a saludarlo en el festejo por el penal que ejecutó con la potencia de un cañón.

Alrededor de Messi, todo fluyó con energía, el contagio se extendió al resto. El campo magnético del rosarino no deja a nadie afuera. Hasta se incorporan los que venían más extraviados, como Rojo, que se hizo notar con algunas proyecciones punzantes.

El gol fue madurando de manera inevitable. De tan exigido, el arquero venezolano dejaba peligrosamente alguna pelota suelta. No iba a poder con todo. A los 28 minutos, Mascherano recuperó en el medio y cedió a Montillo, que alargó para Messi, cuya quirúrgica asistencia lo dejó solo a Higuaín para que definiera.

La Argentina nunca se había desesperado, pero el 1-0 traía más serenidad y premiaba su buen desempeño. Chicero cortó con el brazo una pared que Higuaín le devolvió a Messi. Penal y ovación para Messi.

El segundo tiempo fue un trámite para que la Argentina sellara la goleada con otro de Higuaín, que estaba un paso en off-side cuando fue en busca de otra notable asistencia de Messi. Después, la Argentina reguló todo, el tiempo y las energías. Volvió al Monumental renovada y luminosa.

 GOL DE HIGUAÍN (1-0)



 GOL DE MESSI (2-0)



 OTRO GOL DE HIGUAÍN (3-0)

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