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¿Cómo es el plan de Sabella para jugar en La Paz?

La ciudad allá abajo se entregaba a un ritmo casi perezoso. Desde la cima del cerro Santa Cruz, el enorme Cristo de la Misericordia, con sus brazos desplegados en señal de protección, invitaba a la charla distendida. Cochabamba guardaba un halo de pueblo de provincia, donde después de la avenida principal cada calle recupera su estrechez y soledad. Corría junio de 1997. Alejandro Sabella era uno de los ayudantes de campo de Passarella en la selección, pero como el Káiser se había quedado en Buenos Aires con el equipo principal para afrontar un partido ante Perú, por las eliminatorias para Francia 98, Pachorra estaba en el corazón boliviano al frente por algunos días de un plantel alternativo que jugaría la Copa América. "La altura no es un cuco", por entonces le aseguraba Sabella a LA NACION, con un perfil componedor y resuelto a descomprimir conflictos.

Sabella estaba parado en un escenario más realista y menos confrontativo que su jefe. Y ese estilo vuelve a apreciarse hoy, cuando "su" Argentina volará esta tarde hacia Santa Cruz de la Sierra para jugar mañana con Bolivia, rumbo a la Copa de Brasil 2014. Hoy no hay polémicas, desprecio ni miedos persecutorios, y Sabella es responsable de eso. Pero en aquel invierno del 97 estaban muy frescos los escándalos que habían rodeado a Argentina poco antes, en abril de ese mismo año, cuando la selección había jugado y perdido por las eliminatorias. Estaban a flor de piel las susceptibilidades en el pueblo boliviano, que había declarado a Passarella persona no grata por su decidido combate contra la altura. El Káiser había dicho que era "inhumano" jugar en La Paz, y eso había herido el orgullo de una nación. En el reconocimiento de la cancha hubo corridas, gases y pintadas en la paredes como "Passarella, un psicópata enemigo de Bolivia". Se suspendió una conferencia de prensa cuando un periodista acuso de "cobarde" al Káiser, se temió que durante el partido se exhibiera una bandera que estaba preparada con la cruel inscripción "Passarella, tu hijo juega en la altura", y todo finalizó con el bochornoso y jamás aclarado corte sobre la mejilla. equivocada de Cruz.

Sabella, que participó de aquella etapa, tomó amplia distancia como conductor principal. No instaló temores entre sus dirigidos, cuidó el calibre de sus declaraciones y le pidió a su círculo más cercano que directamente no se exprese al respecto. Sabe que los efectos de la altura están acreditados y condicionan el rendimiento de un plantel que no está acostumbrado, pero no lo magnificó. "La Altura es una realidad incontrastable. Algunos jugadores se adaptan mejor y otros peor; habrá que lidiar con ella", se limitó a analizar en las últimas horas. Eligió una posición equilibrada con relación a la altura: ni la demoniza como Passarella ni la subestima como Diego Maradona. Un realismo sin delirios persecutorios.

¿Cómo le va a Bolivia en éstas eliminatorias? Mal, ya se sabe. Con 8 puntos, junto con Paraguay, cierra la tabla. Y ni la altura la ha ayudado hasta aquí. La tradicional fortaleza del estadio Hernando Siles hace tiempo que no intimida. Rumbo a Brasil 2014 ya jugó cinco partidos y sólo ganó dos (3-1 a Paraguay y 4-1 a Uruguay), empató otro ( 1-1 con Perú) y cedió los otros dos, con Colombia (1-2) y Chile (0-2). Es decir, en los 3672 metros de La Paz sumó siete de 15 puntos posibles, menos del 50%. El choque de mañana es vital para conservar alguna esperanza de soñar con el quinto puesto que habilita al repechaje. El DT Xabier Azkargorta piensa en un sistema 3-5-2 y en, al menos, seis cambios con respecto a la caída 5-0 del viernes pasado con Colombia. Sobre el 6-1 de 2009, Azkargorta eligió la mesura: "No hay comparación entre uno y otro partido. Está bien que la gente tenga la ilusión de repetir ese resultado, pero hay una serie de cosas en medio". Esencialmente, la seriedad que ahora asumirá la Argentina.

Desde hoy, Sabella replicará el operativo que le permitió a José Pekerman, en 2005, romper una serie negra de casi 31 años sin triunfos en la altura. Pasará la noche previa al partido en el llano de Santa Cruz de la Sierra, el mismo día del partido el plantel almorzará bien temprano, volará a La Paz pasado el mediodía y llegará al estadio sólo un par de horas antes del encuentro. E inmediatamente después de jugar, regresará a la Argentina. Nada evitará los efectos, pero así se intentará exponerse lo menos posible. Un recuerdo bien gráfico: Galletti, figura de aquel triunfo en 2005, y Gago, el único que tuvo una tarea al menos discreta en la hecatombe de 2009, vomitaron durante todo el vuelo de regreso.

La cámara hipobárica (replica las condiciones de altitud, y ante menos presencia de oxígeno, provoca que el cuerpo aumente la cantidad de glóbulos rojos) fue alquilada por la AFA y utilizada pocos días con algunos futbolistas. Pero es un proceso que necesita más tiempo y no será llevada a Bolivia. En el vestuario, desde ya, no faltarán los tubos de oxígeno. Como Pekerman, Sabella también introducirá varias modificaciones entre un partido y el otro. Previsiones sensatas, pero sin agitar fantasmas.

  • Una línea diferente
    Pese a que integraba el cuerpo técnico de Passarella, un enemigo declarado de la altura, Sabella en una nota en LA NACION, en 1997, ya tomaba distancia de un discurso crispado y elegía una posición más realista
  • 2 de abril de 1997

    El bochornoso corte de Cruz
    Mencionar a Daniel Passarella allá por abril de 1997 disparaba todo tipo de insultos en Bolivia. Recordaban que él había sostenido que era inhumano jugar en la altura y por el Altiplano jamás le iban a perdonar esa afrenta a la geografía de la Puna. Si hasta el Káiser tuvo que abortar abruptamente una conferencia de prensa cuando un periodista boliviano lo increpó y le gritó cobarde. Por entonces hubo disturbios en el reconocimiento del estadio, corridas con gases lacrimógenos y pintadas con aerosol en los muros del Hernando Siles que decían: "Passarella: en la altura sólo juegan los hombres. ¡Viva Bolivia!". El técnico hizo un trabajo de aclimatación durante dos semanas en los 3450 metros de La Quiaca, pero todo terminó mal: derrota (1-2; Gorosito, de penal, y los expulsaron a Vivas y a Zapata) y papelón con el nunca esclarecido corte en el rostro de Cruz. Passarella se había puesto al pueblo boliviano en contra y había sugestionado a los futbolistas con sus temores a la altura.

    25 de abril de 2001

    Un empate milagroso
    Cuatro años después, la contrafigura sería Marcelo Bielsa. El DT rosarino tomó otra actitud y la contagió. "La altura es una dificultad real, pero se agiganta si hay una detención exagerada en el hecho. A la altura hay que considerarla para tratar de que no nos sorprendan las consecuencias que inevitablemente aparecen, y no sobredimensionarla de modo tal que inhiba nuestras verdaderas posibilidades", explicaba antes de trepar hasta La Paz. Una mirada realista, alejada de hostigamientos. Quizás aquella vez el premio a quitarle el sino fantasmagórico al desafío haya sido que la Argentina consiguió un agónico empate 3-3 (dos goles de Crespo, y Sorin), que estuvo mucho más ligado con el azar que con los méritos. A tres minutos del final caía 1-3. Ese equipo no eludió las consecuencias de la escalada -tras el partido, decenas de bolsas de hielo intentaron mitigar los intensos dolores de cabeza-, pero no se dramatizó el ascenso hasta los dominios del cóndor.

    26 de marzo de 2005

    Victoria contra los fantasmas
    José Pekerman repitió los atinados pasos de Bielsa. Debido a la doble fecha por las eliminatorias y sabedor del recorte físico que provoca jugar en la altura, el DT citó 33 jugadores y decidió delinear dos equipos. Y repetir el operativo planificado por el rosarino: pasar la noche previa en el llano (Santa Cruz de la Sierra), almorzar bien temprano y liviano el día del partido para acelerar la digestión, llegar a La Paz sobre el comienzo del cotejo y regresar de inmediato para no permanecer más de seis horas en los 3672 metros. Previsor, pero sin obsesiones. Y cuidadoso de la sensibilidad boliviana. Su equipo cortó con más de 31 años sin victorias en La Paz, ganó 2 a 1 con goles de Galletti, la gran figura, y Lucho Figueroa. Incluso, Argentina había comenzado en desventaja. Del actual plantel, esa tarde fueron titulares Clemente y Maxi Rodríguez. Cuatro días después, ya con los titulares, la selección le ganó 1 a 0 a Colombia, en River, y apenas se repitieron Abbondanzieri y Cambiasso en la formación.

    1° de abril de 2009

    Foto: Archivo 
    El papelón de las cartulinas
    Diego Maradona también siguió el registro de pernoctar en Santa Cruz de la Sierra y viajar a La Paz alrededor del mediodía del mismo día del partido. Todo lo demás lo hizo mal, especialmente porque subestimó la altura y sus efectos. También se trató de una doble serie de encuentros, como ahora, y en el primer partido, en el Monumental, la Argentina goleó 4 a 0 a Venezuela. Pero Maradona repitió ocho titulares cuatro días después. Por ejemplo, del actual plantel, esa tarde jugaron Mascherano, Gago -el mejor-, Maxi Rodríguez, Di María (fue expulsado) y Leo Messi. Andújar estuvo entre los suplentes. Con una relajación y un desconocimiento inadmisible, la única previsión fue pegar cartulinas en las paredes del vestuario que decían: "A la altura hay que enfrentarla, gambetearla y hacerle goles". Poco después, el categórico 1-6, la peor derrota en la historia junto con idéntico resultado ante Checoslovaquia, en el Mundial de Suecia 58, entraría en las páginas tristes de la selección..

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