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El pasado oscuro que ensucia a Brasil 2014

 
 
 
Marín, presidente de la CBF.  Foto: Sebastián Domenech

Glorinha Paranaguá llegó en 1976 al Arzobispado de Buenos Aires con una recomendación de Eugenio Salles, cardenal de Río de Janeiro. Al escuchar su pedido, el cardenal Juan Carlos Aramburu salió "por los fondos de la Catedral". "¿Qué quiere que hagamos señora?", le decía un secretario, mientras Glorinha corría inútilmente detrás del cardenal. Llegó sola desde Kuwait, donde su esposo, Paulo Henrique de Paranaguá, era embajador de Brasil. En su país no tuvo suerte. El ministro de Justicia la atendió parado. En Buenos Aires, Glorinha pasó seis meses recorriendo despachos y comisarías. "Es impresionante el coraje que aparece cuando una madre busca a su hijo." Paulo Antonio y su compañera Maria Regina Jacob Pilla, ambos militantes comunistas, desaparecieron poco antes del golpe del 24 de marzo de 1976. La gestión desde Estados Unidos del senador Ted Kennedy tampoco tuvo éxito. Glorinha ya no sabía a quién recurrir, hasta que su padre, Antonio Leite, le dijo que viera a Joao Havelange, ex compañero de comisión directiva en Fluminense. "Déjemelo", le respondió el presidente de la FIFA, que negociaba con la dictadura la ratificación de la Argentina como sede del Mundial 78. Paulo Antonio, hoy prestigioso periodista de cine latinoamericano en París, logró los documentos que autorizaron su salida de La Plata, junto con Maria. Havelange, su salvador, fue condecorado por Videla tras los fastos del Mundial 78.

"El precio de la única buena acción de Havelange fue la omisión de todas las otras muertes en la Argentina", me dice el colega brasileño Lucio de Castro, autor de Memorias do Chumbo - O Futebol nos Tempos do Condor, una serie formidable transmitida por ESPN Brasil sobre el fútbol en tiempos de dictaduras en América del Sur. Allí aparece Glorinha, hoy una prestigiosa diseñadora de carteras de lujo. El capítulo más estremecedor es el de Brasil. Documentos de Pelé preocupado porque los comunistas lo buscaban para que denunciara a la dictadura de Garrastazu Medici. De Falçao, otro crack, amigo íntimo de uno de los peores torturadores. De clubes infiltrados por militares. De jugadores y el gran Joao Saldanha vigilados. Y de dirigentes informantes o cómplices. Entre ellos, José María Marín. Es el actual presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) y del Comité Organizador Local (COL) del Mundial 2014. En octubre de 1975, recordó hace unos meses el periodista Juca Kfouri, Marín, que era diputado del partido Arena, de los militares, denunció en el Congreso que había infiltración comunista en el estatal Canal 2, de TV Cultura. "Más que nunca hay que actuar, para que reine otra vez la tranquilidad en los hogares de San Pablo", dijo Marín. Dieciséis días después de su discurso, Vladimir Herzog, editor de TV Cultura, fue asesinado.

"Vlado", ex periodista de la BBC en Londres, filósofo y docente de periodismo en la Universidad de San Pablo, ofreció él mismo ir por su propia cuenta y al día siguiente a la seccional 36, en el barrio de Paradiso, cuando la policía lo fue a buscar en pleno cierre de programa, el 24 de octubre de 1976. Tenía 38 años y dos hijos. A las 8 del 25 estaba allí. Lo vistieron de prisionero y lo hicieron entrar en una sala donde había otros dos presos encapuchados. Rodolfo Konder, testigo clave, lo reconoció por los zapatos. Escuchó descargas de tortura eléctrica y gritos desgarradores durante una hora y media. Ayudó a Vlado, que temblaba, a escribir una "confesión" de su militancia comunista. Pero la tortura siguió. Y Vlado no resistió. Los torturadores le pusieron los pantalones alrededor del cuello, tomaron fotos y dijeron que se había ahorcado. La escena era torpe y las sospechas crecieron cuando el rabino Henry Sobel, que preparaba el funeral, advirtió signos de tortura. "No entendemos cómo un policía de este calibre -decía Marín dos días después en el Congreso-, un hombre que dedicó toda su vida a luchar contra el crimen, arriesgando su propia vida y la de su familia, no recibe la admiración que merece. El pueblo de nuestra ciudad debería sentirse orgulloso de él." Defendía a Sergio Fleury, jefe policial en San Pablo y célebre torturador de la dictadura.

En enero pasado, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA ordenó al Estado brasileño que identifique a los asesinos y los juzgue. La presidenta Dilma Rousseff, también ella una militante política de 22 años que fue torturada por la dictadura, creó una Comisión de la Verdad que dio prioridad al caso Herzog, crimen emblemático de la dictadura y que, según historiadores, marcó un punto de inflexión para el proceso militar iniciado en 1964. Una ley de amnistía impide juzgar a los represores de la dictadura (1964-85), pero el Estado brasileño asumió en 1996 su responsabilidad por la muerte del periodista. "Dilma sabe que Marín tiene un pasado sucio, que fue cómplice del asesinato de mi padre", dice hoy Ivo Herzog. El hijo de "Vlado" quiere además que la FIFA eche a Marín. Ivo juntó ya casi 60.000 firmas de apoyo en la Web. Hace dos días, apareció de modo misterioso en la Web una segunda conversación privada de Marín para intentar desligarse de supuestos vínculos comerciales con la empresa BWA, encargada de la construcción y refacción de estadios, el negocio más polémico del Mundial 2014. Los anónimos difusores de la conversación, que prometen más cintas, debutaron una semana atrás, con otra charla en la que Marín comprometía al Congreso brasileño. El ex crack Romario, actual diputado, no aguantó más y pidió que el dirigente fuera encarcelado. "José María Marín -inició su discurso- hizo pronunciamientos a favor del asesino, secuestrador y torturador Sergio Fleury. Apoyó los movimientos que llevaron a la tortura, muerte y desaparición de cientos de brasileños. El caso más notorio -recordó- es el del periodista Vladimir Herzog."

Romario fue también denunciante de Ricardo Teixeira, el ex yerno de Havelange, que debió renunciar a la CBF acusado de corrupción. Teixeira, que aspiraba a liderar un exitoso Mundial 2014 y suceder a Joseph Blatter en la FIFA, vive recluido en Boca Raton, cerca de Miami, en una casa de un millón de dólares. Los fines de semana elige su nueva mansión de siete dormitorios, ocho baños y 600 metros cuadrados en Sunset Island, que, según Folha, compró a Anna Kournikova por unos 7,4 millones de dólares. Se fue, pero dejó el regalo de Marín, su vice de 80 años y pasado aún más oscuro. Rousseff, que jamás habló con Teixeira, tampoco lo hace ahora con Marín, lo que preocupa cada vez más a la FIFA, con el Mundial cada vez más cerca. A 15 meses del Mundial, Brasil tiene una selección discreta, ubicada en un inédito puesto 18° del ranking FIFA. Y una dirigencia acaso peor. El 6 de noviembre pasado, Marín, que en 1982 llegó a ser gobernador de San Pablo, debió responder sobre Herzog. "Pura intriga, pura intriga", repitió una y otra vez el dirigente. "Pero sus discursos contra TV Cultura, la prisión de Herzog... una coincidencia muy grande", apuntó el periodista Fernando Rodrigues. "Como no me encuentran nada ahora, me quieren juzgar invocando cosas del pasado de las cuales no puedo ser acusado de nada. Siempre -respondió Marín- fui un hombre reconocido por la conciliación, la concordia y la tolerancia." Cinco días después, cientos de personas le hicieron un "escrache" en su propia casa, en la calle Padre Joao Manoel 493, en Jardins. Entre los manifestantes estaba el diputado Adriano Diogo, del oficialista PT, también él torturado en 1971 por los militares. "Marín -afirmó Diogo- fue un soplón de la dictadura. No puede ser presidente de la CBF. Tiene las manos manchadas de sangre.".

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