Canchallena
 

Messidependientes

Lionel Messi tenía apenas 16 años cuando Barcelona lo hizo jugar en cuatro categorías diferentes, y también en distintos puestos. Ángel Guillermo Hoyos, campeón mundial Sub 20 con la Argentina en Japón 1979, y flamante DT del Juvenil B de Barcelona, recibió a Leo a comienzos de la temporada 2003-04. Hoyos podría haber ganado gloria personal con Messi, pero a los tres meses de iniciado el curso eligió avisarle a Josep Colomer, director del fútbol base, que Leo ya estaba para jugar en una categoría superior. "Estamos perdiendo el tiempo, debe dar el salto ya." En el Juvenil A, de la mano de un nuevo DT, Juan Carlos Pérez Rojo, Messi marcó 18 goles en 11 partidos de Liga. Hubo un momento de esa temporada en que Messi fue requerido por el Barça C y, cuando Hoyos lo necesitó para ganar el torneo, también por el Barça B. Messi subió y bajó de una a otra categoría sin poner el más mínimo problema. Jugó incluso sufriendo algunos problemas en el pubis.

El club, agradecido con tanta entrega, premió a Messi con una convocatoria al plantel superior, para un amistoso en Portugal. "¿Quién es Messi?", cuentan que preguntó Frank Rijkaard, entonces DT del primer equipo, a Pere Gratacos, el técnico del filial que ya le daba informes sobre el pequeño genio y le propuso llevarlo a Portugal. Porto ganaba 2-0 un partido aburrido en el estadio Do Dragao ante 52.000 personas y a los 74 minutos Rijkaard ordenó un tercer cambio, la salida de Fernando Navarro y el ingreso de Messi, con el número 14. Ese 16 de noviembre de 2003, Leo cumplía 16 años, 4 meses y 23 días. Sólo dos jugadores habían debutado más jóvenes en la historia de Barcelona. En sus quince minutos de cancha, Messi creó dos ocasiones de gol. "Ojalá -dijo después del partido- pueda más adelante seguir jugando con el primer equipo." Barcelona iniciaba la era de la "Messidependencia".

Las excepciones, en realidad, habían sucedido antes. Desde la firma del primer contrato en una servilleta de restaurante hasta los partidos que Alex García, DT del Cadete, permitió a Leo, de 14 años, correrse siempre hacia el centro del ataque, romper la rigidez de un esquema que era escuela. Una vez, en plena final de Cataluña, ante el Espanyol, García autorizó a Messi a que se sacara por algunos minutos una máscara que le habían puesto para protegerlo de una lesión, pero que Leo decía que le molestaba. Liberado de la máscara, Messi anotó dos goles en quince minutos, puso 3-0 a Barcelona y definió el título. Otra excepción la impuso el tratamiento especial que Barcelona aplicó a Leo por su déficit de crecimiento. Con la vista puesta casi siempre en delanteros pequeños y ágiles, con Messi, La Masía debió hacer al revés, hacerlo crecer, someterlo a un programa físico especial, como describe muy bien el periodista argentino residente en España desde hace una década Ramiro Martín en su libro Messi. Un genio en la escuela del fútbol , que fue presentado la semana pasada en Barcelona.

Una década más tarde, un Barcelona que ya venía dando previas señales claras de agotamiento precisó en estos tiempos como nunca de Messi. Primero para ganarle 4-0 a Milan y remontar el 0-2 de San Siro. Y en cuartos de final, aun con Messi en una pierna, para incluirlo al menos un rato en el Camp Nou y lograr el empate 1-1 ante París SG que dio al Barça el boleto a semifinales de la Liga de Campeones. "No vale la pena discutir más ya sobre la «Messidependencia». Algún día se ganará un partido incluso con su figura petrificada o de cartón piedra", escribió Ramón Besa en El País. Hacía cinco años, 56 partidos, que Messi era titular y figura de Barcelona en la Champions. Su ingreso influyó en sus compañeros. Más importante aún, paralizó al rival. Al PSG no le sirvieron Zlatan Ibrahimovic ni todos sus petrodólares. Una sola pierna de Messi sirvió para disimular que Barcelona terminó pidiendo la hora, con doble volante central y apenas un delantero de punta. Con poquísimos remates al arco y con su arquero como figura. Físicamente bajo, tácticamente confuso. Acaso agotado después de ganarlo todo.

Guardiola, también él agotado después de lograr 14 títulos en cuatro temporadas, se tomó un año sabático. Se recluyó con su familia en Nueva York, descansó y hasta se dio el lujo de cenar con Woody Allen. Lo necesitaba. Quedó liquidado después de preparar cada partido como si fuese una final. Dejó un equipo modelado al servicio de Messi. ¿Pero por qué no podría sentir un agotamiento similar el equipo, máxime si decidió seguir fiel al juego de toque y posesión que exige concentración extrema y mayor desgaste que cualquier otro sistema más sencillo, que apueste al contragolpe, el centro a la olla o la pelota detenida? Sin chances de año sabático como Guardiola y, para peor, con el sucesor Tito Vilanova enfermo de cáncer, Barcelona, en realidad, convirtió lo que se pensaba que sería un año de transición en una temporada otra vez en el nivel más alto. Ya casi campeón de España y semifinalista de la Liga de Campeones por sexto año consecutivo. Nadie lo hubiese pensado. Pero, salvo contadísimas excepciones, jamás fue el mismo Barcelona de los tiempos de oro. Sigue dueño de la pelota, sí, y eso le alcanzó en una España que dejó de ser la promocionada "Liga de las Estrellas". En Europa, perdió el arco rival y dejó huecos en el suyo. La posesión terminó siendo una estadística inútil.

Sólo Messi, competitivo al extremo, estiró lo que puede ser el final del ciclo. La seguidilla de su increíble racha goleadora en el primer semestre, cuando el Real Madrid de José Mourinho fue pura irregularidad, sirvió para establecer una diferencia hoy casi irremontable en la Liga de España. Y ayudó también al milagro en la Champions. "Sin duda que hay Messidependencia", admitió el propio Iniesta. "No hay ningún jugador en el mundo -amplió este mismo lunes Josep Casanovas en el diario Sport- que tenga una influencia tan determinante en su equipo como Messi en el Barça." "Si decimos que Messi es medio Barça -se tituló el artículo- nos quedamos cortos." Todo lo que ese mismo diario y muchos otros más criticaban antes sobre Messi y la selección argentina lo dicen ahora sobre Messi y Barcelona. No hay mucho que debatir. Jugadores en nivel más bajo, delanteros más apagados, lesiones, enfermedades y, finalmente, un rival de lujo como Bayern Munich desnudaron que, con Messi lesionado, el Barça de Tito Vilanova es un equipo en transición. Y que dependió de Messi como nunca antes para disimular las carencias. Una "dependencia bendita", como se la llamó tras eliminar a Milan y PSG. Ahora, tras el 4-0 de ayer en Alemania y una remontada que aparece casi imposible, la dependencia, cambian algunos, pasó a ser "nociva". ¿Pero cómo no depender de un jugador que anota 90 goles al año? En rigor, casi todos los grandes campeones de la historia del fútbol dependieron en su momento de su as de espadas. ¿Habría sido lo mismo el mítico Real Madrid de los 50 sin Alfredo Di Stéfano? ¿Pelé sin Brasil? ¿Holanda sin Cruyff? ¿La Argentina campeona de México 86 sin Diego Maradona? También la Argentina de Alejandro Sabella penderá de un hilo si Messi se lesiona en pleno Mundial de Brasil. Somos Messidependientes..

canchallena por e-mail.
Suscribite y recibí todos los días las últimas noticias de deportes

Suscribite ahora