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Guillermo Coria: "Fue muy fuerte aquel triunfo ante Agassi"

 
Foto: AFP  / archivo

PARÍS.- La voz, a la distancia, irradia melancolía. "¿Qué extraño de Roland Garros? Je. ¡Todo! Imaginate que fui de chiquito, de junior. Los que trabajan son siempre los mismos. ¿Sabés que tenía atajos por dentro del club? Los miércoles de la primera semana, cuando van los chicos, es un caos, y yo me metía por todos lados para cortar camino. Los de seguridad se reían. Y los ball boys? ¡Increíbles! Me alentaban cuando me daban la pelotita o la toalla. El público siempre fue muy respetuoso. Son recuerdos inolvidables. Me gustaría volver, pero hoy estoy enfocado en la academia. Espero llevar chicos a competir muy pronto."

Yo iba en subte a Roland Garros, y me reconocían, me paraban en Champs Elysées, me pedían fotos. Fue muy fuerte esa victoria

Guillermo Coria revive su Grand Slam favorito. Ese que ganó como junior en 1999 al vencer en la definición a Nalbandian y en el que perdió la recordada final con Gaudio en 2004. El Mago podría estar jugando acá, ya que sólo tiene 31 años. Pero no, la carrera terminó y su vida transcurre en Rosario, en el Coria Tenis, donde maneja un grupo que enseña a cerca de 70 chicos de entre 8 y 21 años. Y se sorprende cuando se le dice que hoy se cumplen 10 años del primer gran impacto de su carrera: la victoria por 4-6, 6-3, 6-2 y 6-4 sobre Andre Agassi, aquí, por los cuartos de final.

"Diez años. ¡Ufff! Sí, venía en ascenso: hice final de Montecarlo, gané en Hamburgo. Era un Roland Garros duro. Me sentía tranquilo para enfrentar a Agassi, por lo que había jugado en Hamburgo. Y físicamente estaba hecho un toro. Iba ganando bien el primer set, me puse nervioso y el otro animal se me vino con todo. Por suerte, los reveses paralelos, que fueron la clave del partido, funcionaron bien. Y le gané en cuatro.

-Ese triunfo ante Agassi te cambió la cabeza?

-Agassi venía embaladísimo, era el número 2 del mundo y peleaba por el 1, no es que estaba en las últimas. Nos entrenamos juntos tres días antes del torneo, en la cancha 1, y le gané bien un set. Eso me ayudó para perderle un poco el miedo. Ganarle me cambió todo. Yo iba en subte a Roland Garros, y me reconocían, me paraban en Champs Elysées, me pedían fotos. Fue muy fuerte esa victoria y me pegó en lo emocional. Tenía 21.

-¿Y qué te dijo Andre después de ese partido?

-Nada, después no quiso entrenarse nunca más conmigo [risas]. Le pedí a Gil Reyes, su preparador, la remera para tener de recuerdo, y me regaló la raqueta que usó ese día. La conservo como un tesoro.

Se instaló en la gente que esa final [contra Gaudio] me afectó emocionalmente. Pero yo sé que no fue así. Obvio me dolió porque era una oportunidad única de ganar un Grand Slam

-Nunca más te entrenaste, pero lo veías al menos?

-Lo veía, sí, me saludaba. Yo tenía mucha relación con Gil Reyes. Incluso estuve a punto de ir a hacer una pretemporada de dos semanas con él porque Agassi estaba de vacaciones. Era celoso, no quería que me entrenara con Gil. Cuando se enteró, suspendió las vacaciones.

-Una relación muy particular tuviste con Agassi?

-Claro. Mirá, cada vez que me lo cruzaba me preguntaba cuánto pesaba. Un día lo paro a Reyes y le digo: "¿Por qué quiere saber mi peso cada vez que me ve?". Y me contesta: "Está obsesionado con tu velocidad y coordinación. Quiere tener el mismo peso para ver si puede lograr eso que tenés vos". Me eché a reír: yo nunca iba a tener su potencia física. Agassi, Gil y Cahill, el coach, analizaban a todos los jugadores en una sala de videos impresionante. Eso muestra su obsesión y por qué logró todo lo que logró.

-Después de ese partido, perdiste con el holandés Martin Verkerk, por entonces 46° del ranking. ¿Te aflojaste?

-Me pasó un poco de todo. Me perjudicó que estuve dos días libre y me sacó un poco del foco del torneo. Al día siguiente de ganarle a Agassi, tuve sesión de fotos, paseo, atención a la prensa. Verkerk jugó muy bien, no te daba ritmo; era saque, palos. Nunca le encontré la vuelta. Y me sacó el incidente con la ball boy, cuando tiré la raqueta para tocar la pelota en un set point y sin querer le pegué a la nena.

-Al año siguiente, la final con Gastón. ¿Pasó el duelo ya?

-Pasé dos días terribles y me dolía todo. Se instaló en la gente que esa final me afectó emocionalmente. Pero yo sé que no fue así. Obvio me dolió porque era una oportunidad única de ganar un Grand Slam. Fijate que al año siguiente jugué el mejor tenis de mi carrera, con esa tremenda final con Nadal en Roma. Terminé otra vez top ten, después de volver de una operación de hombro.

-¿Qué pasa hoy con el tenis argentino?

-Es que el nivel de nuestra camada fue muy bueno. Va a ser difícil igualar esos resultados. Pero hay material. Están Pella, Bagnis... No creo que metamos dos o tres top ten, pero Mónaco está bien rankeado y Del Potro, pese a las lesiones, puede pelear por el 1. El tenis argentino no se murió.

-¿Por qué podías jugarle mano a mano a Nadal en polvo?

-Porque no lo respetaba tenísticamente y entraba convencido de que podía ganarle. Me preparaba para un partido larguísimo, físico y mental. Lo de Roma, 8-6 en el tie-break del quinto, me gana porque estuvo fino en algunos puntos decisivos. Yo le variaba todo el tiempo, aflojando la velocidad, jugándole ángulos, moviéndolo. Lo miraba para ver cómo reaccionaba y veía que no se sentía cómodo.

-¿Qué te impulsa a estar con los chicos?

-Hice una inversión muy grande, sin ayuda. Entrenar tantos chicos es lindo, ver cómo mejoran día a día, cómo pueden jugar sus primeros torneos, sacar su primer punto de ATP. Ver lo difícil que es conseguir cosas me ayuda a valorar lo que hice. Apuntamos a que Rosario y esta zona sean lo que es hoy Tandil, que tiene los jugadores más importantes del país. Mi sueño es formar jugadores que en cinco o seis años nos puedan representar en el circuito.

-¿Y Thiaguito va a jugar?

-Jaja, a Thiaguito lo vuelven loco en el club. Va a cumplir 14 meses y ya hace swing de saque, se desespera por entrar en la cancha?.

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