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El deporte del arco iris

 
 
 
Foto: LA NACION  / Sebastián Domenech

"Jugar sin mariconadas." La frase, en conferencia de prensa, costó el domingo pasado 75.000 dólares de multa a Roy Hibbert, pivot jamaiquino de los Indiana Pacers. Un mes atrás, la NBA había saludado a Jason Collins, primer jugador en la historia de la Liga que se declaró gay. Hace diez días, miles de hinchas aplaudieron el debut en Los Angeles Galaxy del futbolista Robbie Rogers, primer deportista que compite en las grandes ligas de Estados Unidos después de decir que él también es gay. Dos meses atrás, la liga del hockey sobre hielo (NHL) firmó un acuerdo con la organización antihomofóbica You Can Play. Instruirá a sus jugadores y abrirá las puertas del vestuario, un espacio otrora "sagrado", que de ahora en más buscará cuidarse de actitudes homofóbicas. Clubes y jugadores de la NFL, el aún más violento y tradicionalmente machista y conservador football americano, se declararon a su vez a favor del matrimonio gay. Este mes, se prevé que la Corte Suprema de Estados Unidos dictamine si los derechos federales de los matrimonios entre heterosexuales deben extenderse a los homosexuales. El deporte ya fijó posición.

Hibbert, que luego se disculpó, también había llamado "hijos de puta" a los periodistas en su polémica conferencia del domingo pasado, tras liderar un triunfo de los Pacers ante Miami Heat en la final de la Conferencia Este. La gran polémica fue por su "lenguaje homofóbico". La NBA, que en 2011 multó a Kobe Bryant en 100.000 dólares por llamar "maricón" a un árbitro, pudo haber suspendido a Hibbert para el decisivo séptimo partido del último lunes, ganado por los Heat. Una exageración, según muchos, porque Hibbert sólo explicaba cómo marcar a LeBron James cuando habló de "jugar sin mariconadas". Sucede que la NBA inició "la era AJC" (After Jason Collins). "La era -escribió un especialista- de no tolerar más la intolerancia." John Amaechi fue el primer NBA que se declaró gay, pero cuando ya estaba retirado. Fue en 2007 y hubo polémica, no tanta aceptación como la que recibe hoy Collins tras su reciente célebre nota de tapa en Sports Illustrated. "Soy un pivot de la NBA de 34 años. Soy negro y soy gay." Collins, de juego agresivo y físico, se quiebra seis veces. Está leyendo a su familia, antes de que sea publicado, el formidable artículo que escribió el periodista Franz Lidz. Años de "secreto", "miseria" y "mentira", de creer que "mi mundo se caería a pedazos si alguien sabía. Sin embargo -sigue leyendo Collins-, cuando admití mi sexualidad me sentí pleno por primera vez".

Collins rompió el silencio conmovido por los argumentos públicos que recibía en marzo la Corte Suprema que este mes emitirá su dictamen sobre el casamiento gay. "A menos de tres millas de mi casa, nueve jueces argumentan sobre mi felicidad y mi futuro. Fue mi chance de ser escuchado", expresó. Recibió un apoyo mayoritario. Dos meses antes, Robbie Rogers, campeón de la MLS en 2008 con Columbus Crew y 18 partidos en la selección de Estados Unidos, había anunciado su retiro del fútbol, con apenas 25 años. "La vida es simple cuando el secreto se ha ido. Ha desaparecido el dolor que se esconde en el estómago?", inició su texto de liberación, pero también de despedida. "No se puede seguir jugando en el alto nivel después de esto", pensó Rogers, miembro de "una familia católica y conservadora". Y contó a The Guardian: "A los 14, 15 años, advertí que era gay, pero el ambiente universitario es brutal. El fútbol es un deporte hermoso, pero también es brutal. Yo no tenía en quién mirarme, no había antecedentes de jugadores gays en actividad". Justin Fashanu, primer jugador negro del fútbol británico vendido por un millón de libras cuando en 1981 pasó a Nottingham Forest, se declaró gay en 1990, pero ya no jugaba en primera. Brian Clough, DT entonces del Nottingham Forest, contó en su libro autobiográfico que en 1982 advirtió a Fashanu: "¿Adónde vas si quieres una rebanada de pan? Al panadero, supongo. ¿Adónde vas si quieres una pata de cordero? Al carnicero. Entonces, ¿por qué sigues yendo a ese maldito club de maricones?".

Fashanu vendió historias falsas a los tabloides sobre supuestos amantes políticos. En 1988, un menor de 17 años lo acusó de agresión sexual en Estados Unidos. Las pruebas eran confusas. Cuarenta días después se ahorcó en su casa londinense en el barrio de Shoreditch. Tenía 37 años. Dejó una nota para denunciar que lo estaban extorsionando. "Entonces había mucho más racismo y prejuicio, pero igual el fútbol hoy sigue tardando en asumir que la sociedad ha cambiado", escribió Amal Fashanu, sobrino de Justin y autor del documental de la BBC Britain's Gay Footballers . A los jugadores negros en aquellos tiempos les tiraban bananas de las tribunas. Rogers, que en 2012 fue fichado por el club inglés Leeds, leyó sobre Fashanu y Clough, escuchó muchas veces con dolor bromas homofóbicas en vestuarios y a técnicos gritando en prácticas que dejaran de jugar como "maricones". Conmovido por el apoyo que recibió Justin Collins, decidió volver al fútbol en su país. Unas 24.000 personas lo aplaudieron de pie cuando, hace diez días, ingresó en los minutos finales del partido que su equipo, Los Angeles Galaxy, goleó 4-0 en campo de Seattle Sounders. La prensa británica contó que tras la declaración de Rogers "por lo menos ocho jugadores del fútbol inglés" dijeron a colegas que son gays, pero no quieren hacerlo público por temor a los cánticos de los hinchas y a los tabloides. También en Alemania un futbolista contó meses atrás a la revista juvenil Fluter que sufre una enorme presión por tener que ocultar que es gay. La declaración tuvo gran impacto. "Sepan que vivimos en un país en el que ya no hay que tener miedo", pidió la canciller Angela Merkel. Un periodista de la cadena de TV pública ZDF aseguró que hay agencias que ofrecen mujeres a jugadores que quieran disimular que son gays. La federación alemana (DFB) elaboró un documento para que los clubes ayuden a crear un clima que alivie presiones a los jugadores gays. Hubiese ayudado a Marcus Urban, un volante promisorio en la Alemania del Este que en los 80 se agotó tras "escuchar la palabra gay como un insulto".

La historia se traslada ahora a un pequeño pueblo de la Argentina, a un escenario menos lujoso que la Bundesliga, la MSL, la Premier League o la NBA. Su protagonista no es Jason Collins ni Robbie Rogers, sino Alma, transexual. Su caso no es tapa de la revista Sports Illustrated, sino que forma parte del libro Cuerpos equivocados. Hacia la comprensión de la diversidad sexual , publicado en 2012 por el siquiatra y sexólogo Adrián Helien y la periodista Alba Piotto. Hoy padre de cuatro hijos, fruto de dos parejas heterosexuales, ex oficial de policía y licenciado en Ciencias Políticas, Alma se anotó en una escuela de fútbol cuando tenía 15 años. En el colegio le decían "puto" y se sentía "completamente solo". Entró a la escuela de fútbol para satisfacer a su padre y ver si eso le ayudaba a salir de su infierno. A su modo, lo hizo. "¡Quería ser el Muñeco Gallardo, pero me terminé enamorando del arquero de primera!" Recién en 2008, a los 38 años, decidió comenzar a vivir como mujer. "Es muy válido decir que la identidad está impresa en lo más profundo del sistema nervioso central, pero acaso sea muy frío." Tal vez, piensa Alma, sería mejor "decir que la identidad está impresa en el corazón y el alma de las personas, y eso -afirma- tiene que ver con una dimensión de afecto, de piel, de abrazo, de mirada"..

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