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Votos y barras

 
 

"Esta noche, en 6, 7,8 Martín Insaurralde y Juan Cabandié", insiste Marcelo Araujo en pleno partido Gimnasia-River. "¡Qué pinta tiene este Insaurralde!", dice después. Millones de personas ven las transmisiones de Fútbol para Todos (FPT), que sólo tienen publicidad oficial, a veces manipulan horarios según conveniencias políticas y cuentan con Javier Vicente, el relator "militante" que, apenas se detiene la jugada, lee uno de los papelitos con los que llena su cabina: "¡Fútbol para Todos, democracia o monopolios, ésa es la cuestión!". Diego Santilli, candidato Pro, aparece como "panelista" en El s how del fútbol, el programa dominical nocturno de Alejandro Fantino en América TV. Sergio Massa presenta propuestas sobre la inseguridad. Pero la promocionada videovigilancia, las cámaras de un intendente aliado, falla cuando los hinchas de su querido Tigre discuten y matan a balazos. Mueren otros dos hinchas. El gobierno del Fútbol para Todos ordena canchas sólo para socios. Mauricio Macri condena la violencia, pero las nuevas víctimas son por una interna de La 12 que él mismo dejó crecer cuando era presidente de Boca. El domingo hay elecciones. Y, aunque se lo presume apolítico y neutral, el fútbol, los relatos y las barras también están en campaña.

El FPT, que cumple cuatro años de vida, "no es para recaudar, es para hacer política". El funcionario responde riéndose cuando le pregunto si las trasmisiones del fútbol tendrán alguna vez publicidad privada. Los mensajes, de contenido político, pero también de obras y de campañas públicas de vacunación y contra la trata de personas, llegan junto con el fútbol a millones de personas en todo el país. La indignación creció y ocupó portadas y espacios centrales de radio y TV cuando el FPT retrasó el partido de la fecha con la idea de restarle público al programa de Jorge Lanata. También Héctor Magnetto, de Clarín, según contó una vez José María Aguilar, llamaba en persona al entonces presidente de River para decirle que el partido contra Boca por la Libertadores de 2004 debía jugarse por la noche, aunque ello significara dejar afuera a la hinchada visitante. Pero las presiones del poder económico suelen tener menos prensa que las del poder político. Sabemos de los 1000 millones de pesos anuales, entre derechos y producción, que cuesta aproximadamente el FPT. Y sabemos de las quejas porque la pauta oficial se direcciona ahora más hacia el fútbol. La nueva distribución, objetada por la Justicia, afectó a otros medios privados, incluidos los más de 200 canales que el Grupo Clarín compró cuando el monopolio del fútbol era suyo. Torneos -ya sin Clarín- trabaja de nuevo con la AFA. Y la FIFA, como se amenazó en la última emisión de Fútbol de Primera , jamás interpeló por la estatización del fútbol televisado a Julio Grondona, el eterno.

"El excedente irá a la AFA y a la promoción del deporte olímpico", decía en 2009 la presidenta Cristina Fernández de Kirchner al anunciar el acuerdo, cuando imaginaba ganancias, no los gastos millonarios de hoy. El FPT, hoy tema de consulta a los candidatos, no resume el fútbol en un show de 90 minutos como lo hacía Fútbol de Primera , que era bonito y rentable, y también engañoso y para pocos. En cuatro años, el FPT tuvo apenas una vez a uno de los grandes como campeón (Boca en el Apertura 2011). Se coronaron clubes como Banfield, Argentinos y Arsenal. Y descendieron River e Independiente. Democrático sí, acaso indigerible para el negocio privado. La oratoria de la Presidenta, igualmente, suele derrapar cada vez que habla de fútbol. Le sucedió cuando una vez celebró "a los muchachos del paraavalancha". Y hace unos días, cuando apuntó contra un colega de Clarín porque había cumplido con su oficio y anticipó la última batalla de La 12. Hinchadas Unidas Argentinas (HUA), el desafortunado proyecto oficial que envió barras al Mundial de Sudáfrica, será una factura de años para el kirchnerismo, como las banderas de "Clarín miente", colgadas por barras amigas. No fueron los únicos barras protegidos desde el poder político.

La barra de Tigre, club del que Massa fue vicepresidente y del que sigue siendo hombre fuerte, goza de carnés especiales y maneja las canchitas de fútbol 5 sobre la avenida Perón, debajo de la tribuna popular local. También, me cuentan las fuentes, el barcito Acrópolis, que está en la puerta, cerca de la parrilla donde hacen los choris. A metros de allí, el 24 de febrero pasado, decenas de barras de Tigre se enfrentaron a balazos. La muerte de Alejandro Blázquez, sin embargo, careció de registro fílmico en Victoria, donde está la cancha de Tigre, en el partido de San Fernando. Luis Andreotti es un aliado de Massa, del grupo de intendentes de la zona norte que han hecho un culto de la videovigilancia. Pero justo ese día, horas antes del partido contra River, las cámaras "no andaban y no podían ser reparadas porque el domingo no había servicio técnico". El negocio barra se amplió cuando Tigre ingresó por primera vez en su historia a copas sudamericanas, una buena promoción para Massa en la pantalla de Fox Sports. Al debut, en octubre pasado en Quito, fueron una veintena de hinchas que costearon su viaje. Y también unos 50 barras, apoyados por el club. Hincha de San Lorenzo, Massa era vicepresidente de Tigre cuando en 2004 casi golpea al árbitro Pablo Castagnino, tras un partido frente a Cambaceres. Se identificó como titular de la Anses. Ese cargo, además, le permitió renegociar con Grondona las deudas previsionales de los clubes. Tigre subió a Primera. Y casi gana la Copa Sudamericana. La final, que se jugó simultáneamente con la presentación de Roger Federer en Tigre, la noche del tablón roto que casi provoca un desastre, terminó en escándalo porque el equipo se retiró en el entretiempo denunciando agresiones de la policía brasileña. La ida había sido en la Bombonera, cedida por el amigo Macri. En momentos de oro, Massa cruzaba el campo antes del partido y la gente aplaudía. Es el Macri de Tigre.

Ante los micrófonos, Macri dice: "Con este gobierno, los niveles de impunidad de las barras han aumentado". Lo dice después de los últimos balazos entre hinchas de Boca, una interna que creció cuando él era presidente del club y Rafa Di Zeo fortalecía su poder con aviones pagos a Chile o a Japón, hoteles con el plantel, molinetes liberados y zonas libres en la Bombonera, entradas para la reventa, turistas incluidos, seguridad en los recitales, visitas a las filiales con jugadores y hasta picados en la Casa Amarilla, incluida una pelea a balazos en 2006 que asustó al resto de los socios. También el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, apuntó al kirchnerismo por su política antiviolencia en el fútbol. "Los que les temen a los barras es porque los usan en la política. En Córdoba no los dejamos entrar en el Kempes, vengan de donde vengan", expresó. "Dos delfines suyos", le recordó el diario La Voz del Interior, Carlos Presas y Carlos Alessandri, habían impulsado dos meses antes un premio en la Legislatura provincial a la Fundación La Fiel, la ONG de la barra de Talleres, que tiene 2000 carnés y cuyos miembros cobran 40 pesos el estacionamiento en el sector norte en las adyacencias del Estadio Mario Kempes, una zona bajo control de la agencia gubernamental Córdoba Deportes. De la Sota se despegó del premio hace unos días y La Fiel no pudo cobrar estacionamientos el último fin de semana. El domingo se vota. Estamos en campaña..

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