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Boxeo

Furia y destrucción: lo que no se vio en TV del papelón de la Mole Moli

La TV Pública tuvo que levantar la transmisión porque sus periodistas corrían peligro; el boxeador, descalificado, se bajó del ring y se peleó con el público

 
 



Con la torpeza natural que caracterizó a su período de 16 años como boxeador profesional, el cordobés Fabio "La Mole" Moli (120,6 kg) cerró su ciclo como campeón argentino de los pesados en compañía de tres viejos compinches que lo secundaron en cada una de sus peleas: la emoción, la incertidumbre y el escándalo.

Con corridas por los pasillos y con enfrentamientos a puñetazos limpios, entre los espectadores y el mediático pugilista cordobés, culminó en el gimnasio del club Talleres de Remedios de Escalada la disputa del título argentino de los pesados, rubricada por un golpe artero e ilegal de Moli sobre el neuquino Matías Vidondo (119,1 kg), quien, caído y en la lona, fue afectado severamente por tal infracción determinante para su victoria por descalificación en el quinto round y su consagración como nuevo titular nacional de la máxima división.

Hasta el momento de la frustrante maniobra, Moli y Vidondo le dieron vida a una pelea emotiva, dramática y cambiante. Ambos, en todo momento, estuvieron tan cerca de la victoria como de la derrota; por eso sorprendió del modo más repulsivo que después de remontar una cuenta de protección en el primer round y dos caídas en el tercero y el cuarto round, Moli, "rematara" en el piso -antirreglamentariamente- a su oponente, tras derribarlo y tenerlo a un paso del KO. La decisión del árbitro Rodolfo Stella fue inobjetable, segura y precisa.

Vidondo, un avanzado estudiante de medicina de 36 años, con un récord de 16 victorias (14 KO), un empate y una derrota, tuvo la convicción y la certeza en sus fuerzas, y las puso en escena. Sabía que era el momento y la pelea ideal para destronar a un campeón que a los 44 años no pudo conectar sus reflejos con su destreza. Mas allá de su guapeza y oficio sobre el ring, su indolencia e irresponsabilidad afloraron en el instante menos indicado. No le importó controlarse y desató, una vez más, una nueva batahola, semejante a aquella del año 2000 que culminó a patadas sobre el ring con Walter Masseroni, denunciante de la fragilidad creciente que exhibe la seguridad y el control del público en los espectáculos de boxeo..

canchallena por e-mail.
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