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Huracán y el '73

 
Foto: Sebastián Domenech

Miguel Brindisi se disparaba desde la derecha y Carlos Babington desde la izquierda con Omar Larrosa. Se juntaban con René Houseman y Roque Avallay. Cinco jugadores en ataque. Achique, toques verticales, diagonales, dinámica y goles. Las primeras seis victorias al hilo no dejan dudas: 6-1 a Argentinos, 2-0 en Newell's, 5-2 a Atlanta, 3-1 en Colón, 5-0 a Racing y 1-0 en Vélez. Una primera rueda de 46 goles en 16 partidos. Francisco "Fatiga" Russo, que cortaba todo por el medio, se aburría porque los cinco de ataque no se la pasaban y hablaba en voz alta: "Bueno Fatiga, vos estás de más acá, no te dan bola". La fiesta máxima fue en la décima fecha: 5-0 en Rosario a un Central más que poderoso. "Pocas veces he visto una superioridad tal de un conjunto sobre otro", escribió tiempo después el Negro Fontanarrosa. Y agregó: "La hinchada de Central, que no es complaciente, que exige, que suele ser intolerante? aquella tarde, tras el último gol de Houseman, se puso de pie, y, simplemente, aplaudió. A ese Huracán de Menotti no le costaba mucho ganar, golear y gustar". "Fue un baile extraordinario, lo aplaudimos de pie", me recuerda desde Rosario el colega Carlos del Frade. Algunos fanáticos, me recuerda Carlos Aimar, quemaron el micro de Huracán. Pero la mayoría, algo infrecuente, aplaudió de pie la exhibición.

"Estoy convencido de que todos los equipos argentinos están capacitados para jugar un fútbol que dé espectáculo, un fútbol así, alegre, como el que juega Huracán." Lo dice en pleno 73 César Menotti, DT del equipo, en un gran documental sobre la historia del fútbol argentino que el periodista Christian Rémoli produjo para el canal DeporTV. Después del mítico Alumni de los hermanos Brown, el documental habla del Racing que abrió la era más criolla, con un fútbol más técnico, que buscó diferenciarse del estilo anglófilo. "La nuestra", como se la llamó, tuvo su época dorada en los 40 y tocó techo con La Máquina, el glorioso equipo de River que, en rigor, jugó con su formación histórica sólo 18 partidos, aunque mantuvo delantera base en los tres títulos que logró de 1941 al 45. River armó inferiores todas con un mismo estilo de toque y ataque, con el 9 retrasado. Casi no hay historia hoy del fútbol mundial que omita a La Máquina en la lista de los grandes campeones. Una encuesta de 1999 del diario Olé señaló que el otro gran campeón de estilo similar que recuerda el fútbol argentino es el Huracán de 1973. El Globo, además, fue campeón en un año también especial en la historia de la Argentina.

El viernes 9 de marzo, dos días antes de las elecciones convocadas por el general Alejandro Lanusse, tras ocho años sin democracia y dieciocho de peronismo proscripto, seis jugadores de Huracán (Brindisi, Babington, Houseman, Russo, Alfio Basile y Jorge Carrascosa) y el DT Menotti ponen sus firmas en una solicitada que pide "un deporte para el pueblo" y apoya "el retorno incondicional del general Perón. Liberación o dependencia. Cámpora al gobierno, Perón al poder". "Era como el equipo de la JP", dijo alguna vez el historiador Felipe Pigna. Remeras de la Juventud Peronista se veían en la platea Mirabé, me recuerda Osvaldo Arsenio. "Saaaale el sol, el sol sale para el Globo, sale el sol para el Globo", cantaban los hinchas. El equipo intérprete de "la nuestra", del fútbol "nacional y popular", y con DT afiliado al PC, tenía además al ídolo Brindisi condecorado por Perón por su decisión de rechazar ofertas del exterior y seguir en el país y en la selección. Ese Huracán, escribió el sociólogo Roberto Di Giano, alimentó el imaginario de "una primavera futbolística y social". Menotti rechaza hoy que aquel Huracán haya "representado un clima de época". La "primavera camporista", se sabe, duró apenas 49 días, con la renuncia de Héctor Cámpora tras la masacre de Ezeiza en la vuelta de Perón. Huracán duró más. Aunque en la segunda rueda fue menos lujoso, porque la selección, que buscaba clasificarse al Mundial 74 llegó a dejarlo sin cinco jugadores. La euforia del título estalló el 16 de septiembre de 1973, hace cuarenta años. Para algunos, la fiesta no fue completa.

"Seguí a Huracán casi todos los partidos, pero en los días del título teníamos otra preocupación", me dice Jorge Altamira, miembro fundador y hoy líder del trotskista Partido Obrero (PO). Altamira marchaba con decenas de miles por las calles de Buenos Aires en repudio al golpe militar contra Salvador Allende en Chile, ocurrido el 11 de septiembre, apenas cinco días antes de la coronación de su querido Huracán. "No era un golpe más, era una verdadera tragedia, y ya en el país las cosas tampoco estaban muy tranquilas." Perón asume el 23 de septiembre con el 61 por ciento de los votos. Pero la violencia crece, de uno y de otro lado, y el golpe del 24 de marzo de 1976 abre la puerta a la cacería. Menotti ya es DT de la selección y Huracán, con el Gitano Juárez DT y Osvaldo Ardiles en el medio, cumple 24 partidos invicto y juega acaso tan bien como en el 73. El título Metropolitano queda sin embargo en manos del Boca del Toto Lorenzo, uno de los tantos campeones indiscutibles de aquellos años, pero más utilitario, como el Estudiantes de Osvaldo Zubeldía (estuvo en Huracán con Carlos Bilardo de asistente justo antes de Menotti) o, cada uno con sus matices, como el San Lorenzo que también dirigió el Toto, el Rosario Central de Ángel Labruna y el Independiente rey de la Libertadores, entre otros. Pero Huracán 73 fue algo especial. Menotti venía de jugar en el Santos y de ver al Brasil tricampeón de México 70. "Larrosa sería el Rivelino y Brindisi el Gerson", dijo el Flaco a la revista Un Caño. "Huracán -agregó- empezó a transformarse en un escenario con artesanos y artistas" que jugaban para el Colón. Y que ya achicaba porque "si atacás con ocho tu línea de cuatro no puede estar a sesenta metros". "En la tribuna -me dice Arsenio- no le decíamos achique, decíamos que se iban todos arriba."

Acaso una de las razones por las cuales se recuerda como nunca el título del Huracán 73 se llama René Houseman, el único jugador que "gambeteaba rivales en el aire", como dijo una vez el Gitano Juárez. "El Messi" de aquel Huracán, como se autodescribe hoy el propio Houseman, "un palito" de 40 kilos, según Basile, hizo 109 goles en 277 partidos, y sirvió muchos más. Era un Huracán del que disfrutaban todos, incluido Eduardo, "Tití", el hermano ciego que "Fatiga" Russo llevaba a la cancha. Por la radio se enteró de que "Fatiga" (Clodoaldo, según Menotti) hizo un gol a Central en la Libertadores y celebró "como si lo hubiera visto", me dice Russo. El sabor especial del Huracán 73 se vincula también a la alegría del equipo de barrio obrero y de tango, que nunca más volvió a salir campeón. Años después, Saúl Ubaldini, entonces líder de la CGT, convoca uno a uno a los partidos políticos. Ubaldini con Osvaldo Pedraza y Oraldo Britos. El PO con Altamira y el combativo Gregorio Flores. "Las diferencias eran claras y yo para romper un poco el hielo le digo a Ubaldini que, a lo mejor, en un punto podemos tener un acuerdo. «Vos debés ser de Huracán», me dice Ubaldini. «¿Cómo te diste cuenta?», le digo. Y me responde: «Porque tenés esa cara de tristeza como la mía»."

Fernando, otro de los tantos hinchas de Huracán, me habla de una generación nueva que hoy, por distintos episodios posteriores, ve acaso con distancia a Babington, Brindisi y Houseman. Pero Gabriel, que llora mientras recuerda y me escribe por correo, habla del padre repartidor de papas que sacaba pecho por las gambetas de René y de él mismo bajándose las medias y eludiendo como el Loco en la escuela, en un barrio que ponía la tapa de Goles en la verdulería, con portones pintados con el Globito y que caminaba en procesión al Ducó cantando "¡Glooobo toque, globo toque que los goles los hace el Roque!". "Nunca más -me dice Gabriel- escuché en una canción de cancha la palabra toque.".

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