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Rugby Championship

Juan Manuel Leguizamon: "Sabemos que las alegrías van a llegar"

En los días de descanso, el octavo de los Pumas hizo un balance de los cuatro partidos del Championship y habló de lo que falta para ganar

Por Santiago Dapelo | canchallena.com

 
 
 
Leguizamón le tiene fe a los Pumas.  Foto: LA NACION  / Marcelo Gómez

Es el emblema de la reconstrucción Puma. Aún está fresca la imagen en las entrañas del Soccer City, de Soweto. Ahí, en el momento más delicado de los últimos años tras la paliza que los Pumas sufrieron en Sudáfrica, fue uno de los primeros en salir a dar la cara por el equipo. Con la camiseta ensangrentada y entre lágrimas, marcó el corte. ¡Nunca más! La Argentina no podía volver a caer de esa manera; ése fue parte de mensaje que emanó de los líderes y que Juan Manuel Leguizamón expuso ante los medios. Y eso se cumplió.

En sólo seis días, los argentinos cambiaron la actitud. Frente a los Springboks, en Mendoza, recuperaron la confianza y la fe de su público. No se ganó, pero el esfuerzo que desplegaron les valió el reconocimiento de todos los presentes en el estadio Malvinas Argentinas. En ese escenario, el santiagueño se alzó como el máximo estandarte. El piso de rendimiento creció de manera exponencial. Pero comenzaba otra etapa. El segundo capítulo, tal vez el más exigente -la gira por Oceanía-, presentaba un desafío adicional: demostrar que la recuperación era total.

En Hamilton, Nueva Zelanda, y Perth, Australia, los dirigidos por Santiago Phelan ratificaron su condición de equipo serio. Incluso, ante los Wallabies, dejaron escapar una inmejorable oportunidad para llevarse el primer triunfo en el Rugby Championship, pero les faltó la madurez necesaria para golpear a un rival alicaído. Otra vez fue Leguizamón uno de los destacados. El octavo, de 30 años, es además el tryman de la Argentina: anotó una conquista ante Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica, algo poco común.

Después de pasar tres días en Santiago del Estero, donde disfrutó de su familia y amigos, Legui se instaló con su esposa, Dolores, en la tranquilidad de su casa en San Isidro. Ahí pasa los últimos días de libertad -Phelan le otorgó al equipo una semana libre- antes de volver a concentrarse. Con el sol en la cara, el rugbier, que el último sábado cumplió 50 partidos con la camiseta albiceleste, habló del gran momento que atraviesa, del equipo y de los retos que aún le aguardan.

-Tres tries, 50 tests con los Pumas y buenas performances. ¿Estás en un momento especial?

-Estoy contento. Antes que nada por estar acá; soy un privilegiado. Poder jugar 50 partidos con los Pumas es increíble. Después, suma que las cosas salgan bien. Pero todo es resultado de mucho trabajo. Todos hicimos una preparación increíble. Suma el equipo, la onda que tenemos y eso hace que todos rindamos más.

-Tener siete días libres es algo poco común. Quizá, parte del aprendizaje por lo que sucedió el año pasado, donde no se tomaron un tiempo para descansar. ¿Es así?

-Sí, es parte de todo. Saber lo que es jugar este torneo, saber la importancia que tiene cada momento, cada entrenamiento, los descansos, las comidas... Sabemos que esto no es tener sólo un buen partido o un buen entrenamiento, es un todo. Para cumplir los objetivos, que son seguir creciendo y seguir sumando, creo que la clave es hacer todo bien.

-Y para ustedes, los jugadores, frenar un poco, ¿cuánto ayuda?

-Suma. Está bueno, pero es difícil salirte del todo. Por más que tengas tres días libres para hacer lo que quieras cuesta poner la mente en blanco.

-¿Era algo necesario? No debe de ser sencillo tanto tiempo de convivencia.

-Sí, llega un momento en que necesitás aflojar. Aunque no es que estuvimos todo el tiempo concentrados; siempre tenés un tiempo libre que ayuda a mejorar la parte física y mental. Esos que sirven para recargar pilas. Siempre pasa que después de un corte volvemos a entrenarnos a 1000 por hora. Te das cuenta de la importancia del descanso, de olvidarte de todo.

-Hablemos de lo que sucedió hasta acá. ¿Qué balance haces de lo que pasó?

-Es positivo. Obviamente no olvido el primer partido, en el que nos comimos 70 puntos y fue un baldazo de agua fría. Fue un golpe durísimo para todos. Salimos en deuda con nosotros, casi no nos podíamos mirarnos a la cara. Fuimos los culpables, pero lo importante es que seis días después estuvimos a minutos de ganarlo. De ese primer bloque rescato el cambio de actitud.

-Nunca se te vio así, fue llamativo.

-Sí, era dolor y bronca. Una mezcla de cosas malas y feas. No había nada para rescatar. Pero bueno... hicimos el click. Sabíamos que no podía volver a pasar. Lo que hicimos tampoco fue histórico, pero de un partido al otro cambiamos la actitud. Se vio el equipo.

-Y de la gira por Oceanía, ¿qué rescatás?

-Fue una buena gira. Me voy conforme, pero con un poco de bronca. Nueva Zelanda era un partido para aprovecharlo un poquito mejor. Ellos no tuvieron su mejor día, pero así y todo te das cuenta de que te hacen pagar los errores.

-Y Australia...

-Nos dejó calientes, con bronca.

-¿Se escapó una buena oportunidad para ganar por primera vez?

-Una vez más se demuestra la inteligencia de este tipo de equipos. En el primer tiempo ellos usaron muy bien el viento a favor que tenían. En el segundo, pudimos cambiar la actitud, hacernos de la pelota, pero nos faltó un poquito.

-Les faltó el golpe final. ¿Por qué?

-Estaba ahí. Creo que realmente no estamos acostumbrados a tener tantos partidos de este nivel. Tenemos que sacar las cosas positivas. Enfocar nuestras cosas en optimizar las cosas buenas y seguir laburando sobre los errores. La paciencia en los momentos clave; eso nos pasó con Sudáfrica. Uno de los puntos a mejorar es ganar un poco más en paciencia. Ser más cuidadosos. Pero no tengo nada que reprocharnos.

-Finalmente, lo que falta son detalles. ¿Es así?

-Físicamente estamos cada vez más equiparados. Este es un proceso. Hay que ir creciendo, dar pasitos. Estamos en ese proceso. Confiamos mucho en las cosas que hacemos, en lo que laburamos, en lo bien que estamos como equipo. Sabemos que las alegrías van a venir.

-¿Cuánto repercute dentro del grupo no ganar?

-No, no molesta. Somos competidores y queremos ganar, pero al mismo tiempo tenemos que tener los pies sobre la tierra y saber que estamos compitiendo frente a los tres mejores equipos del mundo. Estamos un escalón abajo.

-Australia es el tercer equipo y los Pumas el 10° del ranking de la IRB, pero esa diferencia no se ve reflejada en la cancha.

-Sí, eso no está. Pero son los tres mejores del mundo y están un escalón arriba. Para ganar tenés que hacer las cosas a la perfección. Laburar la perfección. Pero estoy convencido de que si los agarrás en un día no tan bueno les podés ganar. Si están en un buen día es complicado, ya lo es cuando no están en un buen día. Pero no es que tenemos en la cabeza ganar. No lo planteamos así.

-Ya demostraron que pueden jugar de igual a igual. Da la sensación de que ganar es lo que falta. ¿Es así?

-Sí, ya estás ahí. Son ajustes mínimos lo que nos falta. Confiamos en nuestro planteo. Tenemos que optimizar eso y mantener la concentración los 80 minutos. Pero no podemos pretender de un día para el otro ganarles a los All Blacks, a los Wallabies y a los Springboks. Estamos en un proceso de aprendizaje, de maduración, de aprender, de dar pasos para adelante, de fortalecernos como equipo, tanto técnica como mentalmente. La diferencia está en cómo manejan ellos los tiempos de los partidos. En cómo manejan las condiciones climáticas; todo... Si bien nosotros tenemos jugadores de elite mundial, creo que tenemos que hacer eso más colectivo y sabemos que cuando generalicemos la madurez las cosas van a salir mejor.

-Se viene el último bloque, el de la Argentina. Y las buenas performances invitan a la ilusión. ¿Se siente la presión de la gente?

-Es normal. La gente quiere ver a los Pumas ganar, quiere estar contenta y quiere alentar. Quiere vernos contentos y ganar, eso es lógico y está bien que suceda. Pero nosotros sabemos que para que eso pase tenemos que hacer las cosas perfectas.

-El año pasado, en esta misma etapa, se vieron envueltos en un arrebato exitista. Nadie tenía dudas de que llegaría el primer triunfo. ¿Cómo hacer para no caer de nuevo en lo mismo?

-El año pasado el existismo generó ganas de más, de más, de más... pero hay que tener los pies sobre la tierra. En eso coincidimos todos. Somos cautelosos. Para que el último bloque sea positivo las semanas previas a los partidos tienen que ser perfectas. Para ganarles, cada uno tiene que jugar su mejor partido.

-¿Qué representa jugar en la Argentina?

-Es lo mejor. El año pasado se vio. El año pasado, en La Plata sentí que se venía abajo la cancha. Fue tremendo, lo mismo en Rosario. Ojalá que el tercer bloque sea mejor que el año pasado. Obviamente, ganando sería un día perfecto.

Con 30 años, nueve de ellos en los Pumas, Leguizamón, uno de los líderes del plantel argentino, mira el futuro con optimismo..

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Organizaciones: Los Pumas.

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