Emanuel Ginóbili

No somos favoritos, pero no es imposible ganarles

Por Emanuel Ginóbili  |  canchallena.com

04.06.2013 | 23:41

MIAMI.- Acabamos de llegar al hotel y todavía no vi demasiado de la ciudad como para contar si hay clima de final. Pero particularmente ya estamos empezando a meternos en el movimiento que hay alrededor de todo esto. Tenemos atención a la prensa obligatoria antes y después del partido, y al día siguiente, en el entrenamiento. Llega un momento en el que uno no sabe mucho más que decir. Si antes había 12 periodistas, ahora hay 50 y de distintos países. Empezás a escuchar que se habla en varios idiomas, escuchás gente que espera el partido, lo analiza, se habla todo el tiempo. Es lo primero que me hizo recordar alguna de las finales anteriores. Cosas así te hacen dar cuenta de la real dimensión de lo que vamos a jugar, de los millones de personas que están siguiendo esta serie.

Si alguien se pregunta cómo frenar a LeBron, les digo que eso no existe. Cuando hablamos de él, de Kobe Bryant o de Kevin Durant, de esa clase de jugadores, lo que podemos tratar es de buscar limitarlos, hacer que erren un tiro más que otras noches. Hay que buscar la manera de hacerlo jugar incómodo. En el uno contra uno seguro que no se puede hacer mucho. Es imparable, te pasa por arriba por contextura física. En las jugadas de pick and roll hay que ayudar mucho, pero ojo, porque hay que recuperar también. Si la pelota sale, hay que llegar porque tienen muy buenos tiradores, como Ray Allen, Mike Miller y el mismo Shane Battier cuando le toca entrar.

Miami se encontró con un Indiana que por estilo lo complica. Porque también había pasado en la temporada regular. Y por supuesto que nosotros tenemos que aprender lo que hicieron bien ellos para generarle problemas, del mismo modo que tenemos que observar sus errores para no repetirlos.

Ganar será difícil y hay que hacer juegos casi perfectos. Tenemos que estar impecables desde lo defensivo, pasar muy bien la pelota y encontrar jugadores abiertos para el tiro. No es un equipo contra el que Tony puede llegar abajo del aro con un pick and roll. Hay que pasar la pelota rápido y bien. Tampoco voy a entrar en detalles porque mucho no conviene hablarlo antes.

Algo decisivo será bajar las pérdidas. Indiana perdió muchas pelotas en el juego 7 y lo pagó. Si perdés una, no te podés bajonear, tenés que volver a concentrarte. Si perdés otra, puede pasar, pero más de eso, no. Tres pérdidas en cuatro minutos y te sacan 10 de diferencia. Si perdés 20 pelotas en un partido, como le pasó a Indiana, no tenés ninguna chance.

No puedo decir que Miami sea el rival más difícil de todos los que enfrentamos en finales, lo que sí puedo decir es que es la primera vez en la que no somos favoritos. No es imposible ganarles, pero está claro que ellos llegan con mucha energía. En la temporada regular llegaron a ganar 27 partidos seguidos, tienen al mejor jugador del mundo, y además tienen la ventaja de localía, que no es determinante pero sí importante. En mis tres finales anteriores, sabíamos que ganar de local alcanzaba para ser campeón. Ahora no. Uno en cualquier serie quiere sacar un juego de visitante. Acá lo mismo, pero la final es una serie muy distinta con eso del formato 2-3-2. Pasa a ser fundamental ganar uno de los dos primeros. De lo contrario, nos quedamos sin margen y estamos obligados a ganar los tres en casa.

Cuando digo que todavía no sé si es el rival más difícil lo digo porque, por ejemplo, contra Detroit en 2005 estuvimos ocho puntos abajo en el tercer cuarto del séptimo partido. Eso lo recuerdo como algo muy difícil.

Después de estos muy inusuales nueve días sin partidos, ya estamos con ganas de jugar. En los entrenamientos se juegan partidos, pero acá no se entrena con la intensidad del partido y tampoco hay que forzar demasiado para evitar lesiones. Se entrena un par de días, se descansa otro... Ahora hay que hacer el mejor esfuerzo para lo que viene, es genial estar jugando en junio. Ya estamos acá y después de todo este camino, pensar en volver con las manos vacías no sería gratificante. Uno quiere un poquito más, ganar cuatro partidos y terminar otro año con una sonrisa.ß.

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