Tras la fatídica final que perdió en el Mundial de Francia 1998, Brasil llegó a Cora-Japón con ánimos de revancha. En la previa, nadie daba un centavo por el equipo de Scolari. Pero con un Ronaldo brillante, que en la final convirtió los dos goles, y un equipo sólido que lo respaldó, el equipo verdeamarelho terminó siendo el mejor de un Mundial de resultados, al menos, extraños.