El conjunto de Parreira se plantaba con el clásico 4-3-1-2, con las constantes subidas de sus laterales: Jorginho y Branco, éste último en mayor medida. La movilidad de Zinho y de ambos delanteros, le permitieron al campeón tener un contundencia ofensiva que era efectivizada por la clase de Romario. Mauro Silva suplió las dudas de la defensa y se convirtió en un verdadero estandarte.