El revolucionario esquema de 4-2-4 y la constante rotación que utilizó Brasil para quedarse con el título en el '58, se amoldó mucho a los nombres del equipo. Los desbordes de Garrincha, los cruces de Pelé y Vavá, y el desdoblamiento de Zagallo, hacían del campeón una máquina goleadora imponente.